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Una «especial» llamada de atención

Por Rosa Freyre May31,2016

Rosa Fryre articulistaEs un hecho cierto el que estamos asistiendo a una «segunda» campaña electoral, encaminada a que, por fin, podamos tener un gobierno que garantice la estabilidad no solo política, sino económica, social, laboral.. de este país, y por supuesto, de sus ciudadanos/as.

Entre los diferentes discursos políticos que los diversos medios nos ofrecen, esta mañana he podido escuchar a determinado líder, ofreciendo, porque siempre ofrecen y prometen, da igual que luego no pueda llevarse a cabo al carecer de los medios suficientes, todo aquéllo que esperamos escuchar.

No obstante, esta oferta era algo mas que «especial», pues iba dirigida a todas aquellas personas que incapacitadas, necesitan de un cuidador, y la labor de éste último debe y tiene que ser reconocida, no solo mediante el pago de una prestación, sino que como trabajadores, con una labor encomiable, deben de cotizar en el régimen de Seguridad Social, bajo la forma que sea mas acertada.

Nuestra sociedad es una sociedad vieja, eso nadie lo pone en duda. Pocas son las parejas que tienen mas de un hijo. No digamos, tres, eso es una especie de locura.

En gran medida, el envejecimiento de la población viene dado por el hecho de que los jóvenes no encuentran puestos de trabajo estables, y si lo es, mal pagados, están avocados al consumismo, de tal manera, que siempre prevalece poseer una buena casa, un buen coche, disfrutar de vacaciones y salidas permanentes, comprar todo  aquéllo que gusten y les hagan sentirse bien, porque no hay hecho mas cierto, por mucho que nos posicionemos en contra de la sociedad del capital, que el gusto por el consumismo es general. Claro que cada cual consume, en función de sus posibilidades.

Y con todo vengo a haceros una «especial» llamada de atención, como he titulado este artículo sobre las personas dependientes, que no solo son adultos, sino que existen muchos niños, discapacitados, siendo labor de sus padres, y muy dura, por cierto, la de satisfacer todas sus necesidades, la mayor de las veces costosas y que no están al alcance de todos.

En consecuencia, es inevitable acertar a entender que, en tanto nuestra sociedad no consiga tener como prioridad la atención a las personas con necesidades especiales, no podremos hablar de una sociedad justa.

Y para ello deben instrumentarse los correspondientes medios para que todos ellos, niños, adolescentes, adultos y ancianos puedan llevar una vida digna, y que sus cuidadores sepan que, llegado el momento de su falta, quiénes dependen de ellos, estén protegidos por un sistema que lo siga haciendo, sin permitir la desidia ni el abandono.

Es muy triste y doloroso conocer y saber de familias en las que alguno de sus miembros, y sobre todo, si son niños y jóvenes, necesitan y así lo será de por vida, de una protección especial. Esencialmente, porque son débiles, no tengamos miedo al mencionarlo, no neguemos lo evidente, sí lo son, y en el reconocimiento de esa condición está el primer paso para el tratamiento que deben recibir.

No jueguen señores, electoralmente, con falsas promesas, no utilicen las perentorias necesidades de determinado colectivo, para hacerse de votos, eso es lo mas cruel que se puede llevar a cabo, por la sencilla razón de que no solo utilizan al débil y necesitado, sino las esperanzas de sus cuidadores.

La conocida como «Ley de dependencia» ha ido, con el tiempo, poniendo mas inconvenientes el acceso a los beneficios que debe tener quien reúna los requisitos necesarios, y no solo ello, sino que la dilación en los plazos, es una circunstancia constatable, que no se tengan que esperar dos o tres años, para recibir una ayuda o prestación del todo ajustada a la discapacidad.

La necesidad de atender la dependencia en su justa medida, es una promesa que aún no ha devenido en una realidad total y completa, y desde e ello que desde este espacio, que espero leáis, seáis conscientes de la importancia de que todo aquél que no puede  valerse por sí mismo, tanto física como psíquicamente, sea especialmente favorecido por las Instituciones, poniendo a su disposición aquéllo que haga dignas sus vidas y, en cierta medida, compensadas para aquéllos sobre los que recae el deber de velar por su presente y futuro.

El mundo mejor empieza en tanto hacemos lo posible porque así sea.

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