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Vie. Jul 19th, 2024

¿Venezuela? No, Cádiz

José Luis BenEn los últimos tiempos corre por las redes sociales una frase cuya estructura básica es comenzar con la interrogación ¿Venezuela? para automáticamente responder con un rotundo no seguido por un nombre de ciudad, como puede ser Cádiz en nuestro caso, o incluso el de la propia España. Soy consciente de que la simple mención del nombre de Venezuela en un comentario es el principio de un lío que muchas veces, en las redes sociales es frecuente, acaba con un insulto o varios. Sin embargo me puede el pequeño polemista que uno lleva dentro.
En el caso que comentamos se suele emplear la frase por una parte de nuestra novísima izquierda para dos cosas. La primera creo que es para que quede constancia de que no son bolivarianos sino progresistas internacionalistas y solidarios con los países hermanos que sufren la agresión del neoliberalismo global de la mano de sus respectivas oligarquías. Bueno, eso es un punto de vista y que cada uno compre lo que quiera del mismo. La segunda intención que veo en esta frase es algo así como que mejor nos callemos porque vivimos en una país si no tercermundista al borde de serlo muy en breve. Es sobre esta parte de las intenciones que quiero hacer una reflexión.
Mi primera impresión es que quienes hacen este tipo de silogismos no deben haber pisado muchos países del antes llamado tercer mundo y ahora países en vías de desarrollo, vías que tienen muchas etapas y medidas diferentes todo hay que decirlo. Por ejemplo las llamadas colas del hambre, las que se forman de personas, sobre todo mujeres, la feminización de la pobreza, que se reúnen ante instituciones privadas o públicas para recibir alimentos. Estamos ante un fenómeno de solidaridad entre la sociedad y miembros de la misma que han caído por debajo de niveles de renta que se consideran de pobreza y que realmente significa que en nuestro país hay ya demasiadas personas que necesitan de estas ayudas. La parte positiva de este fenómeno, si es que se le puede llamar positivo, es que nuestra sociedad tiene aun mecanismos para asistir y ayudar a quienes están en esa situación. La estructura de bancos de alimentos, basada en trabajo voluntario y ayudas públicas y privadas, es el principal de esos mecanismos. Por otro lado no conviene despreciar mecanismos públicos como los que despliegan los ayuntamientos con sus recursos y las ayudas de la Junta de Andalucía en nuestro caso. La cuestión esencial es que, pese a la terrible crisis que llevamos ya padeciendo demasiados años y las políticas de austeridad del esperemos que saliente gobierno conservador, nuestro país, nuestra ciudades aun tienen posibilidades de auxiliar y solidarizarse con nuestros conciudadanos más necesitados. He tenido la suerte de viajar por algunos países de América Latina y algún otro de los referidos como tercermundista y allí no existe el fenómeno de las colas del hambre. La razón es muy sencilla, sus gobiernos y sociedades civiles no tienen la capacidad de auxiliar a la gente de esta manera. Es más, los porcentajes de población necesitada son enormemente superiores a los de aquí. Lo más que vamos a encontrar es a las iglesias en sus labores de caridad, que no critico sino más bien lo contrario, alabo. Allá, si no tienes qué comer hay muchísima menos ayuda.
Y esto lo podemos trasladar a otros ámbitos como es el caso por ejemplo de la sanidad. Desde Alaska a la Patagonia que no le dé a nadie un dolor de muelas sin un seguro médico privado del que tirar, no hablemos ya de otras enfermedades más duras y serias. Nuestro sistema de salud pública tiene problemas, muchos, de financiación, de gestión, de recursos, pero aun funciona mucho mejor de lo que creemos. Lo que corresponde quizás es exigir a nuestros gobernantes que lo racionalicen y mejoren su gestión, que traten bien a sus trabajadores y profesionales y, además, mimen ese tesoro de nuestro pequeño estado del bienestar. De la educación otro tanto.
Así que quien coloca esas fotos y añade la coletilla de ¿Venezuela? no, en realidad no le está haciendo un favor ni a la nación venezolana que necesita de nosotros menos bajas pasiones políticas y más cordura en estos momentos difíciles para ellos. Y desde luego no nos hace un favor como sociedad. Los españoles somos una nación muy solidaria, llenamos los bancos de alimentos, pagamos impuesto con la idea de la redistribución y no deseamos en absoluto que nuestros compatriotas pasen hambre ni carencia alguna.
Como soy ya algo talludo recuerdo cuando se comenzó a implantar el sistema nacional de sanidad público. Desde las mentalidades reaccionarias se culpaba a los pobres de no saber usarlo, de atascarlo y de abusar de la medicina pública. Todo en un burdo intento de desprestigiar lo público. Aprendamos la lección y si bien hemos de avergonzarnos de que haya personas necesitadas de alimento, por otra parte tengamos el orgullo de saber que nuestra sociedad tiene mecanismos para ayudarlas. Y eso en tiempos de crisis y corrupción. Somos una gran nación, al menos en solidaridad.

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