La chirigota ‘Ssshhhhh!!’ despliega humor cofrade desde un balcón convertido en saeta carnavalera
La chirigota del Bizcocho y Pablo de la Prida presentó en el Falla ‘Ssshhhhh!!’, un tipo de saeteros desde un balcón que traslada el universo de la Semana Santa al Carnaval con escenografía cuidada, humor atinado y desarrollo sólido del repertorio.
La chirigota ‘Ssshhhhh!!’, procedente de La Rinconada, compareció en el Gran Teatro Falla con un tipo de saeteros en un balcón desde el que se narra el mundo cofrade en clave humorística. La letra corre a cargo de Antonio Álvarez y Pablo de la Prida, la música es de Álvarez y la dirección de Ernesto Urmeneta. El grupo incorpora a De la Prida como novedad respecto a 2025, cuando actuaron como ‘Los hermanos del buen fin’.
La escenografía fijó el concepto desde el primer segundo: un balcón sobre el escenario, penitentes transitando y olor a incienso que sumó una capa sensorial a la propuesta. La presentación construyó el personaje del saetero que, lejos del recogimiento cuaresmal, decide cantar en Carnaval “porque hace falta el dinero”. Desde ahí se ensambló un humor marca del Bizcocho, apoyado en juegos lingüísticos (“no hacemos balconing, hacemos ramoning”), en referencias cofrades y en la teatralidad del personaje. La altura del balcón reforzó el gag físico y convirtió el escenario en una calle cofrade comprimida dentro del Falla.
El primer pasodoble funcionó como presentación humorística del tipo desde una oración saetera. La letra hizo inventario de la transformación del saetero: del paso al teatro, del Cristo al público, del balcón de barrio al balcón carnavalesco. Se incluyó un guiño explícito al periodista Fernando Pérez, habitual en la cobertura tanto del Carnaval como de la Semana Santa. Musicalmente, el pasodoble se apoyó en una melodía limpia y una entonación trabajada, con afinación llamativa en los fragmentos de saeta.
El segundo pasodoble fue el momento más celebrado del pase. La propuesta se centró en la idea de colocar balizas obligatorias para identificar a “los tontos” en la vía pública. La letra combinó humor absurdo con sátira política y social: del tráfico urbano al Congreso y de ahí a Donald Trump, convertido en remate final. La estructura mantuvo ritmo interno, golpes bien repartidos y un cierre que encajó con precisión. Dentro del humor surrealista, el texto logró sostener coherencia y originalidad temática.
Los cuplés mantuvieron nivel y frescura. El primero abordó el caso de la Macarena y el debate sobre su “cambio de imagen”, con un giro médico inesperado (“era solo conjuntivitis”). El segundo recurrió a las cenas de empresa y las borracheras domésticas, culminadas con un belén desmontado. Ninguna de las temáticas apareció gastada, los remates fueron limpios y el estribillo —sobre la invasión recíproca de sevillanos y gaditanos en Semana Santa y Carnaval— fue inmediato y coreable.
El popurrí prolongó la ambientación cofrade con un catálogo de pamplinas y observaciones costumbristas: penitentes desorientados, pasos que retroceden y avanzan sin fin, móviles en la mano, sobredosis de procesiones extraordinarias y vírgenes bajo la lluvia. La letra alternó sátira, absurdo y detalles de observación social. Las referencias no se quedaron en el chiste interno; se buscó el equilibrio entre complicidad cofrade y código carnavalero. La música se mantuvo ligera y el bloque se cerró con un remate que devolvió la emoción al terreno del personaje: cuando llega febrero, se resucita para cantar.
En lo interpretativo, la chirigota se mostró firme: voces afinadas en los tramos de saeta, dicción clara y un control de escena coherente con la altura del balcón y la supuesta solemnidad del ritual. La dirección de escena cuidó entradas, salidas y la dinámica procesional. El humor evitó el ruido excesivo y la saturación, algo relevante en un tipo propenso al exceso. La incorporación de incienso y de sonoridades cofrades añadió verosimilitud y reforzó el juego dramático.
La propuesta presentó una idea redonda: concepto, puesta en escena, repertorio y tono alineados. El tándem Álvarez–De la Prida mostró química autoral y el pase ofreció argumentos competitivos dentro de la modalidad. El proyecto no dependió de un único golpe, sino de la continuidad del gag, y la coherencia interna fue su principal fortaleza.
‘Ssshhhhh!!’ dejó la sensación de chirigota madura, consciente de sus herramientas y con potencial para avanzar en el concurso.

























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