Un foro sobre turismo residencial en Sotogrande reclama planificación e infraestructuras para sostener su crecimiento
Representantes públicos y empresariales analizaron el turismo residencial en Sotogrande y plantearon la necesidad de equilibrar rentabilidad, protección del territorio y calidad de vida

La planificación a largo plazo, la adaptación de las infraestructuras y el equilibrio entre crecimiento económico, sostenibilidad y calidad de vida centraron el 17 de septiembre un foro sobre turismo residencial en Sotogrande. El encuentro reunió en el hotel SO/ Sotogrande Spa & Golf Resort a representantes de la Administración, la construcción, la promoción inmobiliaria, la arquitectura y el sector turístico.
La jornada fue la segunda del ciclo «Habitar el futuro. Naturaleza, Valor y Comunidad», organizado por Sotogrande S.A. y la Federación Provincial de Agrupaciones de Empresarios de la Construcción de Cádiz (FAEC). Bajo el título «Lujo que multiplica: economía circular y valor de lo intangible», los participantes analizaron los factores que influyen en la competitividad de los destinos residenciales más allá del número de visitantes o de la rentabilidad inmediata.
Uno de los principales asuntos abordados fue la necesidad de que las infraestructuras evolucionen al mismo ritmo que los desarrollos urbanos. Nicolás Moncada, jefe del Área de Urbanismo, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente del Ayuntamiento de San Roque, advirtió del riesgo de que un destino pueda «morir de éxito» si su crecimiento no va acompañado de los servicios y equipamientos necesarios.
Moncada sostuvo que los proyectos que pretendan conservar su valor con el paso del tiempo deberán someterse al «filtro de la sostenibilidad», entendida desde una perspectiva ambiental, social y económica. Su intervención situó la planificación urbana como uno de los elementos necesarios para compatibilizar la actividad inmobiliaria con la conservación del territorio.
La apertura estuvo a cargo de Francisco Javier Ros, subdelegado del Gobierno de la Junta de Andalucía en el Campo de Gibraltar. Ros defendió la sostenibilidad como un componente de los nuevos modelos de desarrollo y la vinculó con la mejora de su calidad, en línea con las políticas impulsadas por la Administración autonómica.
La mesa redonda fue moderada por Jorge Fernández-Portillo, secretario general de FAEC, y contó también con Isidoro Mínguez, presidente de Sotogrande S.A. y director de Orion Capital Managers España; Fernando García, presidente de ASPRICA; Manuel J. Ruiz Moriche, socio fundador y arquitecto de ARK Architects, y Eduardo Santander, consejero delegado de European Travel Commission.
Mínguez relacionó el valor de un territorio con su capacidad para mantener su identidad y transmitirla a las siguientes generaciones. En el caso de Sotogrande, señaló como características propias la integración paisajística, la baja densidad, la naturaleza, la seguridad, la privacidad y la existencia de una comunidad estable. El presidente de la promotora planteó que la conservación de esos rasgos responde a una elección de modelo y no únicamente a una renuncia a desarrollar otros usos.
Desde el ámbito de la arquitectura, Ruiz Moriche defendió que los edificios y desarrollos deben atender tanto a su función como a su relación con el entorno. El arquitecto recordó que las construcciones terminan formando parte del patrimonio colectivo, por lo que atribuyó a los proyectos una responsabilidad que va más allá de las necesidades de sus promotores o usuarios iniciales.
Fernando García introdujo en el debate la viabilidad económica de los desarrollos. El presidente de ASPRICA señaló que las propuestas deben ser asumibles desde el punto de vista financiero para poder ejecutarse, una cuestión que vinculó con la vivienda asequible, la regulación urbanística y los costes derivados de las nuevas promociones.
La evolución de la demanda turística ocupó otra parte de la jornada. Eduardo Santander consideró que la competitividad de los destinos no puede medirse únicamente por el volumen de visitantes y apuntó al creciente peso de factores como la seguridad, la tranquilidad, el espacio disponible y el tiempo. A su juicio, el turista residencial busca principalmente certezas relacionadas con los servicios, las infraestructuras, el clima y la confianza que ofrece el territorio.
Fernández-Portillo describió el turismo residencial como un proceso anterior a la compra de una vivienda. Según expuso, el visitante conoce inicialmente el destino, regresa, crea vínculos y, en algunos casos, termina eligiéndolo como lugar de residencia. Esa evolución, señaló, obliga a plantear estrategias que favorezcan la permanencia sin perder los elementos que motivaron la llegada.
Santander situó el equilibrio entre residentes, visitantes e inversores como uno de los principales retos de la gestión territorial. También defendió que la reputación de un destino depende de su capacidad para responder de manera continuada a las expectativas generadas. Mínguez coincidió en la necesidad de adoptar decisiones a largo plazo desde las empresas y las administraciones para reducir incertidumbres en torno a las inversiones.
El ciclo celebrará antes de finalizar 2026 su tercera y última jornada, titulada «Comunidades que perduran: cómo diseñar vínculos, pertenencia y legado». La sesión estará dedicada a la creación de comunidad y a la continuidad de los modelos residenciales analizados durante los encuentros anteriores.


