EDITORIAL – Airbus ya no es un conflicto laboral, es un asunto identitario

Foto: Ereagafoto

Hace días que el más que posible cierre de Airbus Puerto Real ha dejado de ser un conflicto laboral. Desde la foto del rey Felipe VI y de Pedro Sánchez en la inaguración de la planta de Getafe, lo que era un problema de empleo se ha convertido en un asunto identitario. Y cuando se juega con la dignidad de un pueblo las consecuencias pueden ser imprevisibles.

La amenaza de cierre pende sobre la factoría de Puerto Real desde hace tiempo, pero hasta hace una semana Airbus era un consorcio europeo donde el Gobierno de España tenía muy poco peso en el accionariado. Tan poco como para no poder hacer nada para salvarla. Desde la foto de Getafe crece la sospecha de que para el Gobierno de Sánchez Puerto Real ha sido el chivo expiatorio para salvar el empleo en España. Cádiz, como siempre, ha sido invitada a la mesa de los altos directivos como lo es el pavo en navidad, asado y en una bandeja.

El PSOE, a paso cambiado

Al PSOE le ha jugado una mala pasada el tiempo. La coincidencia del posible anuncio del cierre de la fábrica de Puerto Real con la campaña de la Asamblea de Madrid ha obligado a los socialistas a elegir bando. Una decisión arriesgada. Cabe la posibilidad de que la foto de Getafe no sirva de nada si finalmente Gabilondo no consigue hacerse con la presidencia en Madrid. En la capital podrían perder; en Cádiz, ya han perdido. Salvo aquellos que están obligados a pronunciarse como la alcaldesa de Puerto Real o la presidenta de la Diputación, el resto de cargos socialitas están desaparecidos. O lo que es peor, pidiendo unas primarias para acomodar sus posaderas en mullidos sillones. Los pocos que se han pronunciado se han limitado a exigir a la Junta de Andalucía que arrime la cartera para evitar el cierre. Toda ayuda es poca pero no hay que olvidar que es el Gobierno de Pedro Sánchez el que ha negociado con Airbus como escapar de esta crisis. Han sido ellos los que consciente o inconscientemente han puesto a Puerto Real en la bandeja.

El arrojo que tuvo la alcaldesa de Puerto Real para hacerse valer en la manifestación de la la semana pasada (“Que estoy aquí contigo”) o para polemizar con Teresa Rodríguez en las redes (“Deja el tuiter y llama a Pedro”) le está faltando para plantarle cara al líder. O al menos para hacerle ver cuáles pueden ser las consecuencias inmediatas del cierre de la planta de Puerto Real.

Similitudes con 1995

El conflicto de Airbus que ahora vivimos se parece más al de Astilleros de 1995 que al de Delphi de 2007. Y en aquella ocasión, hace ya 25 años, la ciudad ardió. En el conflicto de Astilleros, como ahora, hay alguien a quién señalar. En 1995 era el PSOE de Felipe González, ahora el de Pedro Sánchez que se ha puesto en el papel de malo por la dichosa foto. Con Delphi, por el contrario, no había nadie a quien señalar. Era una decisión tomada en algún centro financiero por personas anónimas.

Pero este no es el único parecido con lo que ya vivimos. Los más viejos recordarán la que liaron los de Astilleros en 1995, ¿verdad? Los que vivimos esa época sabemos que la realidad no es como se ha contado, o al menos no del todo. La gente de Astilleros solo fue la mecha. Cádiz ardió porque miles de jóvenes y no tan jóvenes, sin trabajo, sin futuro, con poco que perder, se echaron a la calle a defender unos puestos de trabajo que no eran suyos, pero que quizás algún día quién sabe. No defendían su empleo, defendían una oportunidad en el horizonte, una posibilidad por muy remota que fuese. Porque si cerraba Astilleros se perdía el trabajo de hoy y el de mañana.

Unos jóvenes y no tan jóvenes sin trabajo, sin futuro, con poco que perder, como los que ahora encontramos miremos a donde miremos defendieron tener una posibilidad más de ir a echar un currículo, aunque no sirviera para nada. Porque en Cádiz de desesperaciones sabemos un rato largo. Pero de lo que estamos hartos es de que nos tomen el pelo. Porque si hay que cantar se canta, pero cuando tuvimos que defender lo que no era nuestro porque era de todos también supimos hacerlo. Todavía estamos a tiempo de evitar que, como siempre, Cádiz pierda.

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