La investigación sobre el pecio Delta I de Cádiz, hallado en el puerto en 2011, identifica un sistema constructivo atlántico propio de largas travesías y aporta nuevos datos sobre la vida a bordo antes de su hundimiento.

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) ha confirmado que el pecio Delta I de Cádiz, hallado en 2011 durante las obras de construcción de una nueva terminal de contenedores en el puerto, corresponde a un barco de navegación oceánica del siglo XVII. La investigación, desarrollada por el Centro de Arqueología Subacuática (CAS), determina que la embarcación fue construida con un sistema “atlántico”, preparado para largas travesías y grandes cargas.
Los resultados se han dado a conocer este 14 de abril por la Consejería de Cultura y Deporte, de la que depende el IAPH. El estudio aporta nuevos datos sobre la técnica constructiva del navío y sobre las condiciones de vida de su tripulación antes del hundimiento.
El Delta I fue localizado en el Puerto de Cádiz hace quince años y extraído del agua en 2024 para su análisis arqueológico. Tras los trabajos de documentación y estudio, los restos fueron devueltos al mar el pasado año en las inmediaciones de la Punta de San Felipe, en una operación coordinada con la Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz.
Según el CAS, la estructura del barco responde a un modelo sólido, diseñado para soportar condiciones marítimas exigentes. La investigación ha permitido reconstruir el proceso de fabricación. La construcción comenzó por la quilla, pieza longitudinal que articula el conjunto del casco. Posteriormente se colocaron las cuadernas maestras, compuestas por varias piezas de madera ensambladas para dar forma y resistencia a la embarcación.
A medida que avanzaba el armazón, se añadieron otros elementos estructurales que se sujetaban de manera provisional. Después se instaló la primera tabla del forro exterior, pensada para facilitar el desagüe en la parte inferior del barco. El revestimiento interior se fijó inicialmente con clavos de hierro y, finalmente, el resto del forro exterior se ensambló desde fuera mediante cabillas de madera y pernos metálicos.
Uno de los hallazgos relevantes ha sido la localización de numerosas marcas en las piezas de madera. Los investigadores las interpretan como señales realizadas por maestros carpinteros en un contexto de trabajo especializado de astillero. Estas marcas habrían servido para el control técnico de las piezas y la organización del proceso constructivo.
El estudio también ha identificado restos de estopa de origen animal y vegetal empleada para sellar las juntas entre maderas y garantizar la impermeabilidad del casco. Este sistema era habitual para asegurar la estanqueidad en embarcaciones destinadas a navegación de altura.
Más allá de la construcción, los análisis han aportado información sobre la vida a bordo. El hallazgo de semillas de melón, sandía y uva, productos perecederos, sugiere que la tripulación consumía alimentos frescos y que el barco permaneció un tiempo en el puerto de Cádiz antes de su hundimiento. Según los investigadores, este abastecimiento habría procedido de la ciudad, lo que apunta a una estancia previa a la salida o a una escala prolongada.
Los trabajos sobre el pecio Delta I de Cádiz continúan abiertos. Durante diez meses, el equipo del CAS desmontó y documentó en una carpa instalada en el muelle 5 de Navantia un total de 400 piezas del navío, en un proceso de registro individualizado antes de su reubicación en el fondo marino.
El IAPH considera que los avances permiten contextualizar mejor las técnicas constructivas de las embarcaciones atlánticas del siglo XVII y profundizar en el conocimiento del pasado marítimo vinculado al puerto gaditano, uno de los principales enclaves del comercio oceánico en la Edad Moderna.







