El monumento a Antonio Bey Olvera se instalará junto a la parroquia de San Francisco
El monumento a Antonio Bey Olvera, diseñado por su hijo Juan Antonio Bey García, incluirá referencias a la Virgen de la Caridad, el Cristo del Perdón y el Sagrado Corazón de Jesús

El Ayuntamiento de San Fernando instalará en la calle Real, en el ensanche próximo a la parroquia de San Francisco, el monumento a Antonio Bey Olvera con el que reconocerá la trayectoria del imaginero isleño. El conjunto, todavía en fase de elaboración, estará presidido por un busto realizado por su hijo, el escultor Juan Antonio Bey García, e incorporará relieves de tres obras vinculadas a la ciudad.
El emplazamiento ha sido acordado con la familia del artista y con las hermandades relacionadas con sus imágenes. La ubicación elegida se encuentra cerca de la iglesia de San Francisco, la Casa Lazaga y la Alameda, en un entorno relacionado especialmente con la Virgen de la Caridad, una de las creaciones más conocidas del escultor.
El proyecto tiene como punto de partida el busto presentado durante la jornada organizada por el 50 aniversario del fallecimiento de Antonio Bey Olvera. Su autor, Juan Antonio Bey García, es también responsable del monumento al Salinero situado en la rotonda de la avenida de la Constitución.
El diseño contempla un busto de unos 60 centímetros de altura. En su parte inferior aparecerán dos bajorrelieves con reproducciones del Cristo del Perdón y de la Virgen de la Caridad, uno a cada lado, mientras que la composición también incluirá una representación en relieve del Sagrado Corazón de Jesús. La parte posterior llevará una placa conmemorativa.
El conjunto tendrá, según el boceto inicial, unas dimensiones aproximadas de 70 por 70 por 40 centímetros. Descansará sobre una pequeña peana colocada, a su vez, sobre un pedestal de unos 80 por 80 por 120 centímetros. Estas medidas son orientativas, dado que el modelo definitivo continúa en preparación.
La composición añadirá instrumentos y útiles propios del trabajo escultórico para representar el oficio desarrollado por Bey Olvera. Las referencias a sus imágenes religiosas pretenden mostrar tanto su faceta artística como su relación con las tradiciones y el patrimonio cofrade de San Fernando.
Entre las obras incluidas figura la Virgen de la Caridad, cuyo grupo escultórico realizó en 1943. La imagen mantiene una especial vinculación con el entorno de San Francisco, circunstancia que ha influido en la elección del emplazamiento del futuro monumento.
Otro de los relieves estará dedicado al Cristo del Perdón, titular de la hermandad del mismo nombre. Antonio Bey recibió el encargo durante los primeros años de la década de 1950 y la imagen llegó en 1954 a la Casería de Ossio, donde quedó ligada a las celebraciones religiosas y a la identidad del barrio.
El monumento también recogerá el Sagrado Corazón de Jesús, instalado, inaugurado y bendecido en el Paseo General Lobo en 1954. La selección de estas tres obras resume parte de la aportación del escultor a la imaginería religiosa y a los espacios públicos de San Fernando.
La alcaldesa, Patricia Cavada, encuadró el proyecto en las actuaciones municipales destinadas a preservar y difundir la memoria artística de la ciudad. La regidora señaló que el legado de Bey Olvera continúa presente en la cultura local y en la obra de otros creadores isleños.
Antonio Bey Olvera nació en 1917 y desarrolló buena parte de su trayectoria como imaginero durante las décadas posteriores a la Guerra Civil. Su interés por el modelado y el trabajo con barro comenzó durante la infancia y, con 16 años, ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz.
Más tarde obtuvo una beca para continuar su formación en Madrid, en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, vinculada a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En esa etapa mantuvo contacto con artistas como Juan Cristóbal y Juan de Ávalos, aunque la Guerra Civil interrumpió sus estudios.
En 1940 recibió su primer encargo de imaginería: un juego de pies para el Nazareno de San Fernando. A partir de ese trabajo desarrolló una producción centrada en imágenes religiosas destinadas a la Semana Santa isleña y a otros municipios de la provincia de Cádiz, además de realizar obras de distinta naturaleza.
El escultor se trasladó en 1960 a Madrid, donde continuó con su actividad artística mientras desempeñaba otros trabajos. Entre ellos figuran su paso por la empresa automovilística Barreiros y su labor como profesor en varios centros educativos.


