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Jue. Jul 25th, 2024

Entrevista a David Cuevas: «Hay una competencia desleal que no ayuda a que estos temas se tomen en serio».

Se trata, sin duda, de uno de los periodistas de misterio más interesantes del panorama actual, pero no es un simple divulgador, porque a David Cuevas (Ciudad Real, 1982) le gusta gastar suelas, chuparse kilómetros de carretera y mancharse de barro si hiciera falta para arrojar algo de luz sobre las anomalías que tanto nos gustan a muchos. Director y conductor de un podcast ineludible, Dimensión límite, que ha desmenuzado casos tan populares como el de Vallecas, y autor de libros como Dossier de Lo insólito, Los sin rostro o el más íntimo Ella sonrió para que tú no llores, Cuevas escribe para el suplemento «Crónica» de El Mundo y es asiduo de los programas radiofónicos más aclamados, como Espacio en blanco, La rosa de los vientos o El centinela del misterio. Es, además, habitual de El ojo crítico y de otras revistas especializadas. Hemos quedado en un bar de Leganés, muy cerca del monstruo de Lega-ness, para charlar un rato. No me gustaría olvidar que en el verano de 2021 estuvo en Cádiz para ofrecernos una magnífica charla que pudimos disfrutar un buen puñado de privilegiados.

¿Por qué te gustan estas cosas del misterio, David?

¡Ostras! Por varios motivos… Primero porque ya de pequeño estos temas me llamaban mucho la atención, unos porque me daban miedo y otros porque despertaban mi curiosidad. Conforme fui creciendo, la curiosidad se fue incrementando y empecé a leer libros específicos y, cuando empecé a estudiar periodismo en Madrid en 2001, atravesé esa línea que hay entre ser lector, o estar interesado, para buscar por mí mismo lo inexplicado.

¿Tú ya querías en la facultad especializarte en misterio?

Sí, sí. Yo empecé a hacer radio con quince años y me enamoré perdidamente de ese medio. Era un programa musical, pero se llamaba “Más allá de la música”; o sea, que lo de “más allá” ya apuntaba maneras. Pregunté por las salidas profesionales que podía haber dentro de la radio y decidí hacer Periodismo, en parte por ese amor a la radio y en parte por el enfoque periodístico que podía usar para indagar en estos temas del misterio. Así que, una vez que entré en la facultad, comencé a hacer eso que hace mucha gente relacionada con estos asuntos: irme a lugares abandonados con una grabadora y un par de aparatitos más para intentar captar psicofonías. Estuve haciéndolo unos tres años, pero me di cuenta de que me faltaba algo, de que no me acababa de convencer esta manera de proceder, y entonces empecé a interesarme más por lo que es el reporterismo: ir al lugar de los hechos para hablar con los testigos. El hecho de que haya personas que han vivido experiencias que no pueden explicar, cosas a veces muy tremendas y traumáticas, asuntos que no se cuentan a la ligera por miedo al desprestigio o a que te tomen por loco, y el hecho de que me las confíen a mí, que las voy a publicar, me parece apasionante.

¿Qué valor le das al testigo?

Cuando me cuentan las historias yo no sé si son reales o no, porque no estoy en la cabeza del testigo, pero sí me da la impresión de que han vivido algo que ellos consideran del todo punto inexplicado. Periodísticamente le doy un valor muy alto, pero, si entráramos en factores psicológicos, que tienen mucha relación con estos temas, ya sería más complejo. Siempre digo que no soy un polígrafo con patas, pero, cuando te entrevistas con un testigo, con otro y otro, vas acumulando una experiencia y la sensación que me da es esa, que creen realmente haber vivido algo extraño. Ahora bien, que sea realmente lo que ha sucedido yo no lo sé. Entonces, periodísticamente hablando le doy una importancia capital, porque sin testigos no habría misterio, pero, si tenemos en cuenta otros aspectos, el testimonio es importante, sí, pero no definitivo.

David en una charla en Cádiz.

¿Es válido trasladar al papel o a las ondas lo que cuentan estos testigos sin que obviamente se haya podido demostrar que sea verdad?

Bueno, al fin y cabo, yo lo que hago como periodista es contar historias. Insisto: hay que diferenciar lo que es el reporterismo de la investigación. Si hacemos una investigación periodística, el testimonio se nos queda corto, pero, cuando hacemos una crónica, donde se cuenta lo que otra persona ha vivido, se transmite y punto. Hay que contrastar lo que dice el testigo con otros testigos, por supuesto, pero es que hay ocasiones en los que los casos son de testigo único.  Yo no soy juez, sino periodista y me encargo de transmitir lo que la persona me cuenta. Es cierto que hay un filtro, subjetivo, que empieza y acaba conmigo, que sirve para intuir si el testigo puede estar tomándome el pelo.

¿Tienes algunas artimañas para esto?

Sí, pero no considero que sea procedente desvelarlas. Son trucos que se adquieren, más que por leer trabajos sesudos e interesantes sobre la psicología de testimonio, por la experiencia de haber entrevistado a muchos testigos. Se llega un momento en el que uno puede intuir por dónde va el testigo.

¿Has dejado testimonios sin publicar precisamente porque no han pasado ese filtro del que hablabas?

Claro… Ahora bien, menos de los que la gente puede pensar. La mayoría de las personas con las que he hablado me han transmitido cierta veracidad en cuanto a la experiencia que me transmiten.  Insisto que sin poder saber a ciencia cierta si esa persona la ha vivido de verdad.

¿En los años que llevas trabajando has notado que la opinión que se tiene hacia estos temas haya cambiado?

Hay de todo en botica. Cuando en la facultad nos mandaban hacer trabajos de tema libre, yo los enfocaba hacia lo paranormal, como uno que hice comparando el tratamiento en prensa del tema ovni en los años 70 y en la época en la que yo vivía entonces, u otros sobre psicofonías o las Caras de Bélmez… Bien, pues en líneas generales los profesores puntuaban muy bien estos trabajos, no porque fueran mejores, sino por la originalidad.

¿El mundo del periodismo en la actualidad, y me refiero obviamente al no especializado en misterio, mira por encima del hombro a los que sí os dedicáis a ello?

Es que depende. No tengo una repuesta absoluta. Yo publico habitualmente en “Crónica”, el suplemento del diario El Mundo, y en el último año me han publicado dos temas de ovnis.

¿Porque está de moda?

Hombre, sí, porque «Crónica» funciona bastante con lo que esté de actualidad. El fenómeno ovni ha llegado un momento que ha estado de actualidad, por ejemplo, con todo el asunto del Pentágono, que incluso abrió telediarios. Todo lo que sean ovnis, la prensa generalista sabe que es un “clickbait” casi asegurado. Es un tema que llama la atención. A nivel interno, entre los periodistas, pues me he encontrado un poco de todo: desde el que te mira por encima del hombro a quien te valora. Recuerdo una entrevista en Onda Madrid para presentar mi libro Dossier de lo insólito, en el año 2016, y, cuando tocaba mi turno, el presentador dijo algo así como “antes de pasar a temas más serios vamos a hablar de ovnis”. Yo, que no me callo nada, le dije “oye, perdona, eso de menos serio lo dirás tú”. Al final entablamos un debate, y, más que presentar el libro, lo que hice fue pelearme con el presentador, porque no se estaba tomando en serio estos temas de manera pública. Un respeto. Esto me lo he encontrado pocas veces, porque en general el respeto ha sido importante. Por ejemplo, fui al plató del programa Viva la vida para hablar de ovnis y estaba Juan Luis Galiacho, conocido periodista de crónica negra. Cuando supe que iba a estar pensé que él sería el escéptico y que estaría para debatir conmigo, pero, para mi sorpresa, se interesó mucho sobre lo que yo decía. En ocasiones también hay prejuicios por nuestra parte, porque muchas veces vamos con la coraza puesta por lo que pueda pasar, aunque imagino que esto viene porque estamos constantemente teniendo que demostrar que estos temas son serios. Por otro lado, tenemos una competencia desleal, y complicada, de “compañeros” que dotan a estos temas de unos tintes muy diferentes de los que yo considero que deberían ser, porque creo que debería ser más objetivo y alejarse de sensacionalismos. Lo contrario no ayuda a establecer una seriedad en lo que respecta a estos temas.

Me da la sensación de que estos “compañeros” que dices dan al público lo que este muchas veces quiere: corroborar que estos temas son siempre reales, que no hay farsa ni interpretaciones ajenas a lo paranormal. En contentar a este público está, creo, el éxito de muchos de estos divulgadores.

Estos temas interesan a nivel generalista. Siempre han interesado. No hay modas. El misterio siempre ha interesado: en los 70, cuando Jiménez del Oso hacía su programa en televisión, y seguía interesando en los 80, los 90 y en los dos mil. Cualquier programa que se haga sobre estos temas, y tenga un mínimo de eco, va a funcionar por encima de la media.

En relación a esto de querer “vender”, aunque sea faltando a la verdad, ¿conoces algún caso de periodista que haya difundido un tema como real aún a sabiendas de que era falso?

¿Que me conste a mí que él supiera que es falso?… Sí, hay casos. ¿Quieres nombres? Te doy nombres, no tengo ningún problema, pero te los doy de casos que yo he podido contrastar, claro. Esto de lo que te voy a hablar lo publiqué en mi libro Los sin rostro. Hay un divulgador que no es de misterio, pero que está muy presente en programas de estos temas, sobre todo cuando se habla de la crónica negra, que es Juan Rada. Este hombre mintió a la hora de divulgar un tema relacionado con el asunto UMMO en la revista El Caso. Te lo resumo: comenzaron a llegar postales a varios receptores siguiendo un poco la estética de las cartas ummitas clásicas. Era obvio que se trataba de una broma, pero queríamos saber quién estaba detrás de esa broma y Juan José Montejo y yo lo descubrimos. Se trataba de Luis R. González, un conocido escéptico, que había escrito una novela inspirada en el tema UMMO y, como estrategia de marketing, había enviado estas postales. Juan José Montejo y yo lo publicamos en la página web de El ojo crítico y, un año después de esto, aproximadamente, en El Caso nos encontramos con la publicación de esta historia, pero abierta a que pudiera ser verdad. Me sorprendió mucho y hablé con Juan Rada para decirle que él sabía que todo era una tomadura de pelo, y Rada me contestó “claro que lo sé”. ¿Por qué lo publicó, entonces? Y me dijo algo así como “quien crea en UMMO es su problema, esto es una serpiente de verano”. No solo esto: Juan Rada, que sabía que las postales eran ficticias, le pidió una al autor y la publicó en la revista. Curiosamente, en la imagen de la revista la publicidad del libro que se promocionaba con las postales, y que aparecía en ellas, desapareció. En El Caso se manipula la imagen. En mi libro cuento la historia y pongo las imágenes.

Tú descubriste la falsedad de eso que se publicaba en El Caso, pero ¿cuántas noticias nos colarán constantemente los medios?

Tampoco voy a descubrir América si digo, y esto me lo han confirmado personas que han trabajado en el famoso semanario El Caso, que había noticias que se exageraban o algunas que directamente se inventaban. Se pone el foco en el misterio como una especie de periodismo en el que se inventan cosas, y por desgracia a veces es cierto, pero sucede también con otro tipo de periodismo.

Hablemos ahora de Dimensión Límite. ¿Qué aporta en el maremágnum de podcasts?

Es un formato que expone contenidos que intentan marcar un poco la diferencia, no porque sean mejores, sino porque no tienen cabida en vías generales. Hago entrevistas a personas que no son muy conocidas, pero no porque no interesen, sino porque no se dejan entrevistar. A mí, cuando alguien no se deja entrevistar, lo que provoca es que aumente aún más mi curiosidad. Así que los persigo hasta que se dejan.

¿Viajas mucho?

Constantemente. No recuerdo muchas entrevistas de Expediente DL que se hayan grabado en Madrid o Guadalajara, provincia en la que vivo.

Pero esto cuesta dinero y no se gana…

Porque es una pasión. Expediente DL lo hago porque me gusta. De lo contrario, no lo haría, porque requiere esfuerzo, tiempo, dinero… No lo hago por dinero, obviamente. A mí me gusta esa radio clásica en la que dejas que el invitado se exprese.

¿Eres tan pesado, como dice Carballal, para conseguir lo que te propones?

Sí, y además es una medalla que me pongo. No me lo tomo como un insulto, aunque haya quien lo diga de manera peyorativa. José Manuel, si buscas datos, haces pesquisas, o andas detrás de entrevistas que son complicadas, si no insistes no vas a conseguir nada. Si yo no hubiera insistido no habría conseguido ni una cuarta parte de las cosas interesantes que he conseguido. Si no hubiera sido pesado en casos como Vallecas, Anne Germain o Xavier C., no habría obtenido los resultados que conseguí.

¿Quién se te está resistiendo?

Juan Ballester Olmos. Y Paco Máñez. Hay alguno que no lo voy a decir ahora porque no quiero que lo lea y se me asuste.

¿Cuál es para ti el gran misterio?

Para mí el misterio de misterios es el tema ovni. Casuístico, las Caras de Bélmez.

¿Ah, sí? ¿No se ha demostrado ya que las Caras de Bélmez no son ningún misterio?

Las Caras de Bélmez. A secas. No te puedo decir más.

¿Tienes muchos confidentes que te llaman para contarte historias? Te lo digo porque acaba de llamarte Cristian Puig y me has dicho que, si él te llama, es porque hay algo interesante a la vista.

Sí, claro que los tengo. Sería mal periodista si no los tuviera. Me gustaría decirte algo que creo que va a gustar a Manuel Carballal, que acaba de llegar a la cafetería: en el misterio carecemos de algo que creo que es importante y es que no sabemos jugar en equipo. Cuando se juega en equipo, creo, se obtienen cosas interesantes. Yo dejo otros factores a un lado y prefiero jugar en equipo, aunque tenga que trabajar más tiempo, porque creo que el resultado va a ser más auténtico.

Bueno, gracias, David. Vamos a ver al monstruo de Leganés…

Vamos.

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