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Vie. Jul 12th, 2024

Juan Antonio QuiñonesEl pasado mes de diciembre se cumplieron 75 años del que para los expertos fue el punto de inflexión en la II Guerra Mundial. Fue en ese mes del año 1941 cuando las potencias del eje perdieron la guerra de manera inevitable. La fallida conquista de Moscú por el ejército alemán y el ataque japonés a Pearl Harbour, que no solo propició la entrada de Estados Unidos en la guerra si no que fracasó en su objetivo de eliminar los portaviones americanos, provocaron una situación que desde ese momento sería irreversible. Pese a la imposibilidad de la victoria alemana aún quedaron por delante cuatro años de guerra, los peores en cuanto a la pérdida de vidas y los más sanguinarios de cara al genocidio judío.

No fueron pocos los oficiales alemanes que se dieron cuenta de este hecho y comprendieron que la única salida era una paz negociada con los aliados. Como ya sabemos esa negociación no se produjo y el final de la guerra fue la derrota militar en primer lugar de Italia y Alemania y meses más tarde de Japón.

Salvando las distancias, la situación que vive el PSOE ahora mismo tiene muchas similitudes con aquella de diciembre de 1941. La apertura de una sede paralela en el número 10 de la madrileña calle de Ferraz no es solo un desafío a la gestora, es la constatación para los afines a Susana Díaz y Javier Fernández de que la victoria para ellos ya es imposible.

La gestora sigue en su huida hacia adelante evitando convocar el congreso hasta que las cuentas les beneficien lo que ha provocado que los críticos sigan dando pasos que no solo buscan la victoria democrática en dicho congreso, si no que además preparan el camino y la infraestructura para la fundación de una nueva organización si salen derrotados.

Si Susana Díaz gana el congreso se quedará en el mejor de los casos con un partido que tendrá como mucho la mitad de apoyos tanto de militantes como de ciudadanos del que tiene actualmente. Si lo pierde es poco probable que pueda evitar junto con sus allegados su particular proceso de Nuremberg. Del lado de los críticos las cosas pintan un poco mejor, aunque no demasiado. La victoria les permitiría el control del partido y la posibilidad de recuperar la credibilidad de los electores y la derrota les pone al frente de una nueva organización con capacidad para confluir con otras fuerzas para con suerte renacer tras una larga travesía del desierto como alternativa socialdemócrata al centro derecha.

La mejor solución para todos y por tanto para el partido sería la convocatoria inmediata de un congreso y el inicio de una negociación que permita a los afines a la gestora una rendición honrosa sin persecuciones ni purgas. Igual que hace 75 años esta solución no se producirá y estaremos condenados a sufrir un largo conflicto sin perspectivas de solución que dejará infinidad de ‘cadáveres’ en el camino.

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