La izquierda agrandada

Carlos FabianoDicen que dijo, y no soy quien para desdecir a quien tal cosa dijo, en cierta ocasión Íñigo Errejón que para ellos, Podemos, no se trataba de agrandar la izquierda sino de refundar el país.  El país es el nuestro, España, aunque con los socios que se echan por esta península adelante no sabemos cuánto le va a durar el nombre ni el país que refundar. Pero ya no queda tan claro qué es eso que se llama izquierda en su discurso. Y no sean malpensados que no voy a lanzarme por la cuesta de que si son más populistas que ortodoxos o que su discurso suena a izquierda guerrillera latinoamericana, etcétera y etcétera que ya saben ustedes por donde van los etcéteras. Eso, pues por la senda de Inda y uno tiene su dignidad. No, a mi este chico laclauliano o como se diga me parece eso, un agudo lector del argentino que saca de él algunas buenas ideas. Lo cual es mucho más de lo que hace su correligionario Pablo, martillo de oligarcas tal y como se le describe en las hagiografías de los suyos, y que parece ser busca la inspiración en una serie televisiva, esa de Juego de Tronos, lo que no me parece ni bien ni mal pero que a mi entender denota que no se ha leído ni una línea sobre la historia medieval de la Península Ibérica que esa sí que es una historia de guerras, ambiciones, intrigas y matrimonios de conveniencia. A lo que iba, que entre posmarxistas y series de televisión yankees estos jóvenes no me parecen muy de izquierdas. Escribo esta última frase y escucho el bramido airado de sus seguidores, los más fanáticos de los cuales son ex-militantes del partido socialista o rebotados insatisfechos de esa coalición maleable que llaman Izquierda Unida. Pero reitero mi idea de que muy de izquierdas no son, y lo dicen ellos que no yo. Y para mi que Lenin los hubiera echado a patadas del vagón de tren antes de llegar a la estación de Finlandia, es un pálpito que me da.

Si vamos a los orígenes familiares tampoco es que destaquen por su raíces obreras. Íñigo es hijo de un señor que lleva media vida o más de alto cargo de los sociatas, otro cuyo nombre no recuerdo tiene un padre metido en el lío de las tarjetas black de Caja Madrid, pero mi favorita es Carolina la del bebé parlamentario besuqueado por su padrino Pablo. Ya sé que nadie es responsable de los pecados de los padres, no existe el pecado original para un buen marxista, pero ser la heredera de una industria farmacéutica que basa su fortuna en un laxante es cuando menos poco fino. Por ello me da que Carolina se dedica a la política, que el dinero que proviene de removerles las tripas a los demás no le debe parecer honorable. Se ve que no ha leído a Sanchez Ferlosio cuando nos cuenta lo del impuesto sobre las letrinas del emperador Vespasiano porque entonces no le haría tantos asquitos a sus orígenes.

Sigo que me enrollo. Ahora andan, cara a las próximas y por nadie deseadas elecciones, al menos de boca para afuera, pues que están de negociaciones con los pitufos, así los llamó Pablo el magnánimo. Y resulta que después de llamarles de todo menos bonitos, de dejarles los tobillos morados de pataditas, de robarles la mitad de los cuadros, ahora va y resulta que los quieren, que todo no fue más que el preámbulo de un amor eterno y sincero. Bueno, que resulta que van a agrandar la izquierda, lo contrario de lo dicho por el lector de Laclau. Conclusión, Íñigo ya no tiene el cariño del número uno que en su corazón y en seno del comité central ha sido sustituido por el científico de la mala follá.

La semana que viene algo sobre la izquierda empequeñecida. El Psoe, pero en clave local gaditana que tiene más gracia.

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