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La precariedad contada por un andaluz

Por Redacción Oct 27, 2022 #cultura #libros

Javier López Menacho presentará su libro en Sevilla, Jerez y Cádiz; tres paradas de una gira de presentación que recorre España

Como parte de una gira de presentaciones que comenzó en octubre, el jerezano Javier López Menacho presentará su libro Yo, precario en Sevilla, Jerez y Cádiz. Después de arrancar en Valencia y seguir en Barcelona y Zaragoza, López Menacho estará el 2 de noviembre en la librería Caótica (Sevilla), junto con Alfonso Grueso. El 3 en Jerez, en el Centro Social la Yerbabuena, en diálogo con José Ignacio García y el 4 en Cádiz, en la librería La Cápsula y en compañía de Vanessa Perondi.

Hace diez años, en lo más hondo de la crisis económica, recién llegado a Barcelona y obligado por la aritmética de la necesidad, Javier López Menacho aceptó trabajar como mascota para una conocida marca de chocolatinas. Durante ocho horas al día bailó y cantó en el interior de un pesado traje sin ventilación. Su puesto duró lo que duró la campaña publicitaria, sin embargo, tardaron meses en pagarle. Dentro iba en calzoncillos. La metáfora se hace sola. Este es solo el primer peldaño de un descenso a los infiernos del mundo laboral. Yo, precario recoge las experiencias, vejaciones y desilusiones que el autor se ha encontrado a lo largo de la última década mientras saltaba de un trabajo temporal a otro.

Tras animar disfrazado de dulce a los niños que acompañaban a sus padres a un centro comercial de las afueras; auditó máquinas de tabaco en bares en los que era recibido con recelo y amenazas; captó clientes en bicicleta para una empresa de telefonía y animó la final de la Eurocopa que ganó España.

La primera edición de este libro vio la luz hace diez años y fue recibido como un valioso testimonio de la crisis. Así lo explica el autor en el epilogo: «Visité cientos de medios de comunicación, me entrevistó Gemma Nierga en la SER, Isabel Gemio en Onda Cero y toqué techo con mi entrevista en El programa de Ana Rosa. En Je­rez celebramos una presentación donde no cabía ni un alfiler, fue el libro más vendido en Andalucía de la editorial y protagonicé la contraportada de La Vanguardia, una doble página en El País y la contra de El Periódico de Catalunya.» No obstante, la odisea precaria no terminó con la publicación del libro y tantos años después reaparece con el mismo nombre y varias crónicas nuevas. Una obra en marcha que va ensanchando con el tiempo y sigue vigente como testimonio vivo de una crisis que no termina sino que se renueva y actualiza con mecanismos y estratégicas cada vez más perversos.

Este nuevo libro añade la crónica de cómo trató montar una delegación sindical en una empresa que estaba a punto de despedir a un buen número de sus trabajadores y cómo tuvo que enfrentarse al delirio burocrático de los grandes sindicatos y a la desatención institucional. Y termina con un texto paradigmático: «Aquella vieja conocida», donde narra cómo cuando creía haber abandonado la precariedad, tuvo que volver al oscuro mundo de las Empresas de Trabajo Temporal e inventariar ropa interior de madrugada. La precariedad, como el dinosaurio de Monterroso, todavía siguía ahí.

Yo, precario tiene como protagonista a su autor, pero no es un libro solipsista. Él tan solo es el sujeto de pruebas, un cuerpo y una voz puestos al servicio de una historia, que es la historia de toda una generación que ha tenido que migrar y sufrir unas condiciones laborales penosas. Laureano Debat lo define como un gonzo entrañable y nada nihilista, capaz de mirar con humor y compromiso. Un narrador que se sitúa a si mismo en un punto de vista que está «entre hombre y muñeco, entre trabajador y máquina, aparece en escena la alienación marxista, pero filtrada con la mi­rada paródica del Chaplin de Tiempos modernos».  O como también dijo de él Manuel Rivas: «Éste es un libro en el que la desesperanza se eleva con la risa, el fracaso camina con un cómico irreductible, y el protagonista, el trabajador despojado y humillado hasta el borde de la inexistencia, afronta la injusticia con la épica más sutil. El Precario es un héroe de la ironía». Desde ahí mismo crecen estas crónicas que narran al tiempo que piensan y cuestionan el trabajo como forma de la identidad contemporánea.

Javier López Menacho (Jerez de la Frontera, 1982) es escritor, docente y especialista en comunicación digital. Ha publicado los ensayos La farsa de las startups (2019), Yo, charnego (2020) y La generación Like (2021), además de la novela El profeta (2019), el libro de relatos Hijos del Sur (2016), el libro de divulgación SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (2018) y el cuento Juan sin miedo (2016). Ha colaborado en publicaciones como La voz del surLa MareaCTXTSecretolivoQué leer y en otros relacionados con las nuevas tecnologías como Marketing 4 eCommerceRevista Byte TI o Beers & Politics. Estudió un máster en creación literaria por la Universitat Pompeu Fabra y es profesor colaborador de la Universitat de Barcelona en su Máster DCEI-UAB y del Máster en Reputación e Intangibles Empresariales en la Era Digital de la Universidad Complutense de Madrid. Algunas de sus obras han sido traducidas al griego y el alemán.

Fragmento

Tengo casi treinta años y siento que me han robado la esencia. Tiene que ver con el trabajo. En algún momento interioricé que solo es hombre quien trabaja y puede hacerse cargo de sí mismo. Yo no tengo trabajo estable y ni siquiera he aprendido a cuidar de mí. Mi único activo es no poseer nada. No tengo hipoteca, no tengo familiares a mi cargo, no tengo coche, no tengo piso, no tengo trabajo. Llevo apenas ocho meses en Barcelona y aún queda para cumplir el año, ese fatídico momento en el que haré inventario y me daré cuenta de que sigo a la deriva. El trabajo no me acompaña, pasó de mí y pasó de largo, como si en la calle se cruzaran dos desconocidos. Esporádicamente he trabajado, sí, pero a eso no se le puede llamar trabajo: son servicios que prestas para que te exploten y para que tengan trabajo de verdad otros, con el fin de que sus empresas funcionen y ellos puedan llegar a casa con el pan bajo el brazo. Ninguno de esos servicios me ha reportado dinero inmediato ni me ha servido para pagar el piso a fin de mes.

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