Las pensiones contributivas suben un 2,7% en 2026 y las no contributivas un 11,4% tras el acuerdo del Consejo de Ministros
La reforma mantiene el sistema de revalorización ligado al IPC y eleva a 8.803 euros anuales la cuantía no contributiva.

El Consejo de Ministros aprobó el pasado 23 de diciembre la revalorización de las pensiones para 2026, con un incremento del 2,7% para las contributivas y del 11,4% para las no contributivas, según informó el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. La medida afecta a cerca de 13 millones de pensiones y prestaciones.
El Gobierno mantiene así por quinto año consecutivo la actualización de las pensiones contributivas con el IPC medio anual. Con esta subida, la pensión media del sistema se situó en diciembre de 2025 en 1.317,7 euros mensuales. La media en las pensiones de jubilación fue de 1.512,7 euros y la de viudedad de 937,6 euros.
En el caso de las pensiones no contributivas —dirigidas a personas sin cotizaciones suficientes— la cuantía anual queda fijada en 8.803,20 euros para 2026, repartidos en 14 pagas, tanto para jubilación como para invalidez. Según el Ministerio, las mayores subidas se concentran en las prestaciones de menor cuantía, con el objetivo declarado de reducir la brecha de género y reforzar la protección a colectivos con rentas más bajas.
Qué es una pensión contributiva
Las pensiones contributivas requieren haber cotizado a la Seguridad Social y su cuantía depende de las aportaciones realizadas durante la vida laboral. Incluyen las prestaciones de jubilación, incapacidad permanente, viudedad, orfandad y favor de familiares, así como algunas pensiones del régimen residual SOVI.
Para acceder a la jubilación ordinaria en 2026 será necesario haber cotizado al menos 15 años, de los cuales dos deben estar comprendidos en los 15 anteriores a la solicitud. La edad legal se sitúa en 66 años y 10 meses para quienes no alcanzan 38 años cotizados, pudiendo jubilarse a los 65 quienes sí los tengan.
El sistema contempla modalidades como jubilación anticipada, parcial, flexible o la especial a los 64 años —esta última limitada a determinados colectivos—. Las pensiones contributivas son gestionadas por el Instituto Nacional de la Seguridad Social.
Qué es una pensión no contributiva
Las pensiones no contributivas están dirigidas a personas que carecen de recursos suficientes, aunque no hayan cotizado o no lo hayan hecho el tiempo necesario para acceder a prestaciones contributivas. Pueden ser de jubilación —para mayores de 65 años con residencia acreditada durante diez años— o de invalidez —para personas entre 18 y 65 años con una discapacidad igual o superior al 65% y residencia legal de cinco años—.
Para acceder a una pensión no contributiva en 2026 es necesario carecer de ingresos o disponer de ingresos inferiores a 8.803,20 euros anuales. En caso de convivencia con familiares, se aplican límites adicionales según el tamaño de la unidad económica. Estas prestaciones son gestionadas por las comunidades autónomas y por el IMSERSO en Ceuta y Melilla.
Compatibilidades e incompatibilidades
Las pensiones no contributivas son incompatibles entre sí y con la pensión de viudedad. En el caso de las contributivas, no se pueden cobrar dos prestaciones del mismo régimen, salvo excepciones. Sí es posible percibir dos pensiones contributivas si se ha cotizado en distintos regímenes —como general y autónomos— y se cumplen los requisitos de cotización superpuesta.
Además, la normativa permite compatibilizar la jubilación contributiva con el trabajo de médicos de atención primaria y pediatras del Sistema Nacional de Salud, percibiendo el 75% de la pensión bajo determinadas condiciones, medida prorrogada para reforzar la cobertura sanitaria.
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