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“Los ahumaos”, humor corporal y sauna finlandesa desde Roquetas en un pase simpático pero flojo en concurso

La chirigota almeriense apostó por un tipo visualmente llamativo y mucho chiste físico, pero el repertorio no acompañó y la propuesta quedó en la gama baja de las preliminares

La chirigota “Los ahumaos”, procedente de Roquetas de Mar (Almería), firmó un pase irregular en su estreno en el COAC 2026. La propuesta, basada en una sauna con usuarios semidesnudos y pixelados, apostó por la sorpresa visual y el humor fisiológico, pero el repertorio no alcanzó nivel competitivo y quedó reducido a un producto simpático en escena, más cercano al consumo callejero que al teatro.

El impacto más claro se produjo en la apertura: el telón descubrió una sauna de madera con chorros de vapor visibles y los componentes apenas cubiertos por toallas y un pixelado frontal resuelto con humor. El Falla celebró la ocurrencia con un primer aplauso espontáneo, reconocimiento al ingenio escénico y a la valentía del disfraz. Sin embargo, el chiste corporal se convirtió en columna vertebral del repertorio, sin que aparecieran capas narrativas o dramáticas que sostuvieran la idea más allá de la sorpresa inicial.

El primer pasodoble presentó el viaje desde Roquetas, el sudor como signo identitario del tipo y el clásico “veneno” del concurso, con defensa del acento andaluz y de la condición de emigrantes laborales retornados para cantarle a Cádiz. El texto transitó lugares comunes del género —devoción por el Falla, orgullo por la tierra, reivindicación identitaria— y lo hizo sin torpeza, pero sin hallazgos. La música, de corte amable y con armonías sencillas, sostuvo el bloque sin mayor brillo.

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El segundo pasodoble homenajeó a Manu Sánchez, pregonero del Carnaval, con referencia a su acento, su popularidad y su impacto en la representación del andaluz. La letra buscó simpatía, pero careció de mordida o giro crítico, lo que la dejó en la frontera entre el guiño afectuoso y la carta de admirador. El público lo recibió con educación, sin señal de entusiasmo.

La tanda de cuplés se movió en clave sexual y escatológica. El primero se construyó a partir de los tocamientos del hijo en edad adolescente, con remate previsible y grosero. El segundo recurrió al gag de los “huevos pillados” en un listón del escenario, explotado mediante insinuaciones visuales y plano de cámara. Ambos funcionaron como chiste básico, apoyado en la desnudez parcial del tipo, pero sin chispa humorística ni elaboración. La crítica especializada coincidió en calificarlos como “cuplés de gama baja”.

El popurrí fue el tramo más agradecido del pase. Algunos pasajes narraron la vida dentro de la sauna —elección de la toalla, obsesiones del usuario maniático, crucigramas, escenas de “voyerismo” de cuarto oscuro— con cierto desparpajo y buen ritmo. También apareció un cameo político inesperado en forma de sauna del “suegro de Sánchez”, que arrancó una de las risas más francas de la noche. Pese a ello, el popurrí no construyó una curva dramática ni humorística sólida: la secuencia terminó funcionando como sucesión de sketches y no como pieza cerrada. El cierre trató de recuperar emoción carnavalera defendiendo la importancia de la copla “como gimnasio de la imaginación”, con un toque autorreferencial simpático pero insuficiente para dotar de peso final a la propuesta.

En el plano interpretativo, la agrupación cantó con corrección, volumen moderado y empaste aceptable. No hubo problemas graves de afinación, pero tampoco brillo. La dirección vocal cumplió sin sobresaltos y la escenografía se coronó como el elemento más efectivo, por encima de la letra o de la música. El tipo funcionó mejor como meme visual que como idea dramatúrgica.

El balance sitúa a “Los ahumaos” en la zona baja de la sesión y con vida competitiva muy reducida. La propuesta tiene madera para la calle, donde la interacción directa y el humor corporal encuentran espacio fértil; en el teatro quedó corta de repertorio, corta de remates y corta de ambición. Una chirigota simpática, sin complejos y con desparpajo, pero insuficiente para un COAC cada vez más exigente en construcción humorística y en escritura.


















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