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‘Los humanos’ confirma en cuartos del COAC 2026 el giro más reflexivo y literario de Antonio Martínez Ares

La comparsa gaditana defiende en el Gran Teatro Falla una obra pausada y profundamente humana, con pasodobles de enorme carga política y emocional, un popurrí de gran calado conceptual y un mensaje que prioriza el poso frente al impacto inmediato

La comparsa gaditana ‘Los humanos’ regresó al Gran Teatro Falla para afrontar su pase de cuartos de final del COAC 2026 confirmando el cambio de rumbo iniciado por Antonio Martínez Ares tras un año de ausencia. El autor, que vuelve al Concurso después del parón de 2025, presentó una propuesta alejada de la épica arrebatada de otras etapas y más centrada en la reflexión, la memoria y la conciencia colectiva, utilizando la vejez como metáfora de la humanidad contemporánea.

El tipo sitúa a la comparsa como ancianos que observan el mundo desde la experiencia acumulada, desde la lucidez y también desde el deterioro. La vejez no aparece aquí como decadencia, sino como un lugar desde el que mirar con claridad un presente deshumanizado, marcado por el auge del fascismo, el individualismo y la pérdida de valores. El Carnaval se plantea como último refugio de verdad, como espacio donde aún es posible decir lo que fuera resulta incómodo.

La presentación funciona como una declaración de principios. Con autorreferencias claras a ‘La oveja negra’, Ares conecta su trayectoria pasada con el presente y sitúa el repertorio en un territorio íntimo y político a la vez. La música acompaña con belleza y contención, más evocadora que rotunda, mientras el despliegue escénico —una montaña de televisores retro que proyectan imágenes y recuerdos— refuerza la idea de conciencia fragmentada y memoria colectiva. Es un arranque más emocional que impactante, que marca el tono de todo el pase.

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Los pasodobles constituyen el eje central del repertorio y elevan el nivel del conjunto. El primero es una crítica frontal al blanqueamiento del fascismo en España, con un destinatario claro en Fran Rivera tras sus declaraciones sobre Donald Trump. La letra amplía el foco para denunciar la falta de memoria histórica, comparando la situación española con Alemania y rematando con una idea demoledora: la democracia española nunca enterró realmente a Franco. Es una copla dura, incómoda, muy argumentada y sin concesiones, de las más valientes del Concurso.

El segundo pasodoble cambia radicalmente de tono y se convierte en uno de los momentos más emotivos de la noche. A través de la rutina diaria de un abuelo que cuida de sus nietos —colegio, mercado, comidas, tareas— la comparsa reivindica la vejez útil, silenciosa y esencial que sostiene hoy a muchas familias. La letra huye del dramatismo fácil y construye emoción desde lo cotidiano, con una sensibilidad contenida que conecta por verdad y humanidad.

La tanda de cuplés se mueve en un terreno heterodoxo y muy personal. El primero lanza un dardo irónico a Antonio Martín en clave metacarnavalera, más cercano al ajuste de cuentas que a la carcajada. El segundo, dedicado a Juan del Val y al Premio Planeta, opta por un remate provocador y desconcertante. No buscan el golpe fácil, sino completar el discurso autoral del repertorio, apoyados por un estribillo que se convierte en una de las piezas emocionales más reconocibles del pase, centrado en la memoria, el olvido y el amor a Cádiz.

El popurrí crece de forma progresiva y es donde la comparsa termina de desplegar todo su mensaje. A través de un recorrido que va desde el origen de la vida hasta la deshumanización contemporánea, Ares construye un relato filosófico y poético que culmina en un cierre de gran profundidad conceptual. El Carnaval aparece como verdad desnuda, sin banderas ni dogmas, como último lugar donde todavía se puede reflexionar sin filtros sobre el mundo y sobre uno mismo.

En el apartado interpretativo, el grupo muestra sensibilidad y compromiso, aunque acusa cambios en la formación que restan algo de potencia vocal, especialmente en el tenor. Aun así, la comparsa prioriza claramente el mensaje y la emoción sobre el impacto sonoro, sosteniendo el repertorio desde la honestidad y la coherencia.

La actuación de ‘Los humanos’ en los cuartos del COAC 2026 confirma a Antonio Martínez Ares en una etapa de madurez autoral. Se trata de una comparsa más para escuchar y sentir que para competir, profundamente humana, literaria y valiente, que no busca aplausos fáciles sino dejar poso. Una obra que crece con cada escucha y que se sitúa al margen de las modas del Concurso, fiel a una voz propia que sigue siendo imprescindible.





















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