Los Latin King (de la calle Pasquín), un cuarteto de actitud y exceso que llega justo a la Final del COAC 2026
El grupo de Manuel Peinado Gamaza alcanza la Gran Final apoyado en el carisma y la provocación, pero deja un pase irregular, con una parodia débil y más ruido que contenido humorístico
El cuarteto Los Latin King (de la calle Pasquín) alcanzó la Gran Final del COAC 2026 como una de las propuestas más discutidas de la modalidad. El grupo gaditano, dirigido y escrito por Manuel Peinado Gamaza, apostó desde el primer día por una parodia de pandilleros urbanos que asaltan el Gran Teatro Falla al estilo La Casa de Papel, una idea con potencial que, sin embargo, nunca terminó de cuajar a lo largo del Concurso.
La actuación final volvió a mostrar las mismas virtudes y carencias que han acompañado al cuarteto durante todas las fases. Desde el inicio, la propuesta se apoya más en la actitud que en el texto, con un arranque cargado de improvisación, referencias al propio concurso y una continua ruptura de la cuarta pared. El planteamiento busca generar un clima de complicidad directa con el público, pero lo hace recurriendo de forma reiterada a muletillas, gestos exagerados y peticiones explícitas de aplauso que terminan desgastando el ritmo de la parodia.
La idea central —una pandilla inclusiva que planea atracar el Falla— sirve como excusa para encadenar situaciones sin una estructura clara. El desarrollo escénico se resiente precisamente por esa falta de hilo conductor. El abuso de morcillas y comentarios circunstanciales provoca que la función avance a trompicones, con largos tramos en los que la acción se diluye y la sensación de improvisación permanente juega en contra del conjunto.
En el plano interpretativo, el cuarteto depende casi por completo del carisma de su autor. Peinado sostiene la actuación desde la presencia escénica y la provocación constante, mientras que el humor se apoya más en la actitud desafiante que en la construcción de gags elaborados. Este estilo, deliberadamente alejado del cuarteto clásico, genera un contraste evidente dentro de la modalidad, pero también evidencia una menor sutileza y una limitada inteligencia escénica.
Los cuplés resumen bien el tono general del repertorio. El primero, centrado en la apropiación de la Feria de Sevilla por parte de Madrid, establece un paralelismo con la supuesta “apropiación” sevillana del Falla. La idea es reconocible, pero el desarrollo resulta previsible y sin un remate especialmente brillante. El segundo cuplé, dedicado al alcalde de Cádiz, Bruno García, recurre al chiste fácil sobre las rayas de los aparcamientos y el exceso de señalización urbana. Es un golpe grueso, efectista, que provoca reacción inmediata pero deja poco poso humorístico.
La recepción del público durante la Final fue irregular. Hubo momentos puntuales de conexión, especialmente cuando el grupo apeló directamente al patio de butacas o recurrió a referencias locales muy concretas, pero también se produjeron desconexiones claras. En varios tramos, la sensación fue la de estar ante un relleno prolongado, con la parodia estirada más allá de lo que el material permitía.
El cierre, fiel al estilo del grupo, volvió a apoyarse en la música urbana y el reguetón, haciendo bailar al teatro como despedida. Es un final coherente con la propuesta, aunque más cercano al espectáculo que al humor carnavalesco tradicional.
El balance final deja a Los Latin King (de la calle Pasquín) como un cuarteto que alcanza la Final más por insistencia y personalidad que por calidad global del repertorio. La parodia se muestra floja, con exceso de muletillas y gestos, poco recorrido humorístico y una estructura débil que lastra el resultado final. Su presencia en la Gran Final confirma que la modalidad sigue abierta a propuestas muy diversas, pero también deja la sensación de que el cuarteto necesita algo más que actitud para sostener una noche decisiva en el Falla.


























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