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Sáb. Abr 13th, 2024

Con Iglesias a ningún lado

José Luis BenEn estos dias electorales, tras el debate del lunes, leyendo las noticias de prensa, pero sobre todo siguiendo en las redes sociales y en los comentarios a los simpatizantes de PSOE y de Unidos Podemos la sensación es que hay un desencuentro total entre ambas formaciones que se agranda por momentos. La desconfianza es mutua y el nivel de reproches y agravios se acumula ya en una montaña de incomprensión de una altura considerable. Me temo que de aquí al 26 de junio nadie será capaz de superar esa montaña, ni tan siquiera de llegar a una cota mínima donde se pueda comenzar a dialogar. En un programa de televisión, uno de esos reportajes sobra la campaña en la carretera, Pedro Sánchez afirma refiriéndose al líder de Podemos que «en vez de tender puentes, los voló por los aires» en referencia a las negociaciones de la anterior y muy breve legislatura. Probablemente, seguro, los Iglesias y sus seguidores tienen su propia versión y su argumentando correspondiente.

Hay un hecho indudable y preocupante para salud política de España y es que entre ambas fuerzas existe ahora mismo un abismo de incomprensión y de aversión mutuas. Conozco las razones que aducen las personas de esta fuerza para expresar su desconfianza y en muchos casos desprecio hacia el PSOE, no voy a enumerarlas que ni quiero ni me interesa, lo que deseo es expresarme como socialista que se siente así y trata de vivir como tal desde hace ya casi cuarenta años. Me siento muy incómodo con gente que comenzó llamándome casta despectivamente, corrupto y defensor de un régimen pseudodemocrático. Por mucho que me digan que eso eran referencias generales que no debíamos personalizar no me lo trago, he visto demasiado los gestos ensoberbecidos y  los rostros altaneros que acompañaban a esas palabras. He sentido demasiadas veces la mirada despectiva desde una pretendida altura moral que yo como sociata no podía ni siquiera imaginar. He pretendido ser silenciado en excesivas ocasiones con el argumento de que como socialista lo que debía hacer era callar. En definitiva mi mirada no divisaba más que arrogancia intelectual y desprecio político, a veces incluso hasta llegar a lo personal. No son estos buenos mimbres para construir alianzas, de ningún tipo.

Por otro lado he tenido la oportunidad de trabajar con gentes de esta izquierda emergente y poder demostrar que los socialistas somos gentes honrada en general, trabajadoras, que nos preocupa lo público, de hecho es producto en este país del trabajo de nuestro partido y que somos capaces de tener la suficiente generosidad como para incorporarnos a proyectos comunes. Pero hoy por hoy, temo que por bastante tiempo, se han roto puentes y borrado caminos. Les voy a ser sincero, hoy por hoy no me apetece nada que mi partido esté en el mismo gobierno que Pablo Iglesias, ni de lejos. Los ataques feroces y las descalificaciones que me han herido no se curan en quince días de campaña y con susurros de «Pedro te equivocas de adversario». ¡No te jode! a estas alturas va a venir a decirnos a nosotros que llevamos ciento treinta siete años frente a la derecha quién es el enemigo. No, esa lección no se la pienso admitir y me imagino que ninguno de los duros,curtidos y sacrificados militantes de mi partido. Si por mi fuera en el próximo parlamento el día de los votaciones abandonaba el hemiciclo en bloque el Grupo Parlamentario Socialista en el momento de las votaciones a Presidente del gobierno con un inmenso portazo que dijera «¡Ahí os quedáis arregladlo vosotros que lo habéis liado! Cuando tengáis algo sólido que ofrecer sin ofender, en el bar de enfrente os esperamos». Sé que el sentido de la responsabilidad política y cívica impide una acción como esta, pero ganas no faltan.

Creo que todo el mundo sabe que mi posición en mi ciudad pasa por construir diálogo y propuesta con el actual equipo de gobierno desde mi partido. No porque me parezcan mejores o peores, sino porque creo que mi ciudad merece algo mejor de lo que tuvo y tiene en estos momentos. Pero las cosas están muy difíciles, por ambas partes. Los socialistas debemos reconstruirnos, repensar nuestra acción política en Cádiz, en toda España seguro, pero del otro lado la cosa no está mucho mejor y también tienen mucha faena.

Voy a echar mano de Aznar, aguanten el escándalo, un señor muy de derechas y muy soberbio pero que de política sabe bastante, no tienen más que recordar que reconstruyó a la derecha española y la llevó al gobierno. Pues en referencia a lo que el denomina un pacto constitucionalista aseveró que era preciso «retomar de inmediato y con el máximo empeño todas las tareas destinadas a vincular, acercar, consensuar, ayudar, incluir, confiar y acordar». Hagan un breve esfuerzo y apliquen esta estrategia a las relaciones entre PSOE y Podemos, para mi sería mi ideal de trabajo, me temo que aun hay muchos que no están en estas dinámicas. Mientras tanto lo dicho, con susurros de última hora que atufan a tacticismo electoral desde lejos no se reconstruyen los necesarios puentes emocionales. Sigo esperando los gestos reales que aproximen, vinculen, incluyentes, de confianza y de acuerdo. La militancia y los votantes del PSOE están muy lejos de Podemos en estos momentos, seamos los que seamos. Y eso es un problema para la izquierda y sin duda también para Podemos.

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