La recuperación de las salinas de Cádiz eleva a 104 los nidos de chorlitejo en La Esperanza
La recuperación de las salinas de Cádiz combina conservación e investigación con actividades como el cultivo de algas, la acuicultura, el turismo y el aprovechamiento energético de las mareas

La restauración de la salina La Esperanza, situada en el Parque Natural Bahía de Cádiz, ha permitido elevar de 30 a 104 el número de nidos de chorlitejo patinegro contabilizados en este espacio. La actuación forma parte de la recuperación de las salinas de Cádiz impulsada por la Universidad de Cádiz (UCA) mediante acuerdos con pequeñas empresas para compatibilizar la conservación de estos ecosistemas con nuevas actividades económicas.
La Esperanza ocupa 39 hectáreas en una zona de dominio público cuya concesión corresponde a la UCA desde 2012. La salina, abandonada por completo durante la década de 1990, ha sido restaurada y funciona como espacio de investigación sobre biodiversidad, acuicultura, producción vegetal y aprovechamiento de los recursos asociados a las mareas.
El proyecto responde al declive experimentado por la actividad salinera tradicional desde mediados del siglo XX. La directora del Servicio Central de Investigación Salina La Esperanza de la UCA, Macarena Castro, cifra en 155 las salinas que llegaron a estar activas en la Bahía de Cádiz, frente a las cuatro o cinco que permanecen actualmente en funcionamiento.
La pérdida de actividad afectó también al mantenimiento de las estructuras y los hábitats ligados a las salinas. En La Esperanza, la intervención sobre los esteros y las zonas de marisma ha favorecido el aumento de la biodiversidad, según los resultados expuestos por la Universidad, con el crecimiento de las áreas de nidificación del chorlitejo patinegro, una especie amenazada.
La UCA ha extendido este modelo a otras explotaciones de la Bahía mediante acuerdos de custodia del territorio. Además de La Esperanza, se han promovido convenios con Estero Natural y Santa Teresa, en Chiclana de la Frontera, y con Marambay, situada entre Cádiz y San Fernando.
Estos acuerdos buscan que científicos y empresarios locales colaboren en la recuperación y explotación de los esteros. La Universidad aporta investigación y asesoramiento para desarrollar actividades complementarias ante la escasa rentabilidad que, según el catedrático y decano de la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales, Javier Benavente, ofrecen por sí solas la producción tradicional de sal y la cría extensiva de pescado de estero.
Entre las alternativas planteadas se encuentra la combinación de la acuicultura con el turismo vinculado a esta actividad. En La Esperanza también se desarrollan experiencias con microalgas, que pueden utilizarse en la depuración de aguas y posteriormente destinarse a alimentación o a productos fitosanitarios, además de ensayos con macroalgas y cultivos semiextensivos de nuevas especies.
Otra de las líneas de investigación analiza el aprovechamiento de las mareas para generar energía mediante las compuertas de las salinas y abastecer pequeñas explotaciones. Los investigadores trabajan igualmente con la salicornia, una planta propia de estos ambientes que puede emplearse para elaborar productos alternativos a la sal.
La Universidad participa asimismo en un proyecto centrado en la obtención de productos a partir de extractos de salicornia con potencial para contribuir a la prevención del ictus. El propósito de la institución es consolidar La Esperanza como laboratorio de campo para estudiar la restauración de marismas y salinas y su compatibilidad con actividades que ayuden a sostener económicamente estos espacios.
La experiencia se integra en LIFE CUSTODIA, un proyecto que promueve acuerdos voluntarios entre propietarios o responsables de terrenos y entidades sin ánimo de lucro para conservar y restaurar espacios naturales. Su director y coordinador del Área de Conservación y Restauración de Ecosistemas de la Fundación Biodiversidad, Víctor Gutiérrez, señaló que en España existen más de 4.600 acuerdos de este tipo, impulsados por más de 300 organizaciones y aplicados sobre cerca de 700.000 hectáreas.
LIFE CUSTODIA se desarrollará hasta 2028 con un presupuesto de 1,7 millones de euros. Entre sus objetivos figura seleccionar 25 iniciativas que puedan servir como modelo para otros territorios y actuar, al menos, sobre 5.000 hectáreas. El programa prevé también formar a un mínimo de 300 personas e impulsar la incorporación de la custodia del territorio a distintas políticas públicas.
El proyecto contempla además la elaboración de tres documentos con propuestas para extender esta herramienta a otros países europeos. Su presentación en Chiclana coincidió el 22 de octubre con la celebración del primer Día de la Custodia del Territorio.
La técnica del Foro de Redes y Entidades de Custodia del Territorio, Inmaculada Férriz, anunció durante el encuentro que Cádiz acogerá del 4 al 6 de marzo de 2027 las Jornadas Estatales de Custodia del Territorio. La organización a la que representa reúne a más de 300 entidades que aplican o respaldan este tipo de acuerdos.
La jornada incluyó una intervención de la educadora, ilustradora científica y psicóloga ambiental Lourdes Berzas en un mural del Centro de Interpretación del Vino y de la Sal de Chiclana. La obra, realizada con la participación de alumnado de la UCA, explica el funcionamiento de la custodia del territorio y su aplicación a la conservación de los valores naturales, culturales y paisajísticos.


