Los amísh del mono llegan a Cádiz con un relato valiente y desigual en las semifinales del COAC 2026
La chirigota de Alejandro Pérez Sánchez firma en semifinales del COAC 2026 un pase narrativo, arriesgado y muy personal, con una fuerte conexión con el público, pero con coplas irregulares y un exceso de escatología
La chirigota Los amísh del mono, fuimos piononos: La decepción, de Cádiz, afrontó su tercer pase en las semifinales del COAC 2026 continuando el relato que Alejandro Pérez Sánchez, Peluca, ha ido construyendo desde preliminares. Tras salir el pasado año ganador con Los calaíta, el autor ha apostado en esta edición por una propuesta muy distinta, basada en una historia serializada que prima el relato sobre el chiste inmediato y que avanza, capítulo a capítulo, hasta su llegada a la capital gaditana.
La actuación se desarrolló en el Gran Teatro Falla dentro de una fase decisiva del concurso, con el grupo presentando ya a sus personajes instalados en Cádiz, concretamente en los bloques del Campo del Sur, donde sobreviven con dificultades de vivienda y situaciones cotidianas llevadas al extremo. La presentación funcionó como una continuación directa de pases anteriores, incorporando nuevos gags y referencias locales que adaptan el relato al lugar en el que se encuentran. Más que una pieza autónoma, actuó como un episodio más de una historia mayor, algo poco habitual en la modalidad.
El primer pasodoble fue una copla de carácter íntimo y personal, dedicada a la mujer desde una mirada amplia y emocional. El autor repasó la influencia de figuras femeninas cercanas como la madre, la abuela o la hermana, así como relaciones sentimentales que marcaron su vida, para concluir con una crítica directa al machismo y a la masculinidad frágil. La letra destacó por su carga poética y su honestidad, aunque su excesiva longitud diluyó parte del impacto, dando la sensación de que la idea principal se perdía en el desarrollo.
El segundo pasodoble cambió de registro hacia una denuncia política y social centrada en Andalucía. La copla arremetió contra los señoritos, la tauromaquia y las prioridades institucionales, poniendo el foco en la sanidad y en la gestión de lo público frente a símbolos religiosos. El mensaje fue duro y directo, pero el desarrollo resultó enrevesado y disperso, con un remate que derivó hacia el metacarnaval y que restó claridad al conjunto de la crítica.
La tanda de cuplés fue uno de los bloques más discutibles del repertorio. Ambos recurrieron a un humor escatológico muy explícito, con situaciones exageradas y remates basados en el impacto y el shock. El primer cuplé, centrado en lo grotesco, pasó sin dejar huella, mientras que el segundo insistió en la misma línea, aportando poco al desarrollo general del repertorio. En contraste, el estribillo volvió a ser uno de los elementos más reconocidos y celebrados por el público, funcionando como anclaje emocional y musical del pase.
El popurrí, completamente distinto a los de fases anteriores, avanzó el relato hasta su punto más crítico: la decepción al descubrir la realidad de Cádiz. A lo largo de este bloque se sucedieron referencias a la ciudad, a la turistificación, a la falta de espacios verdes, a la presión urbanística y a la suciedad en las playas, todo ello envuelto en un tono narrativo más que humorístico. La escatología volvió a aparecer como recurso, pero el bloque creció en interpretación y consiguió mantener la atención del teatro, cerrando la historia con un mensaje más reflexivo sobre la vida, la amistad y la necesidad de aferrarse a lo que empuja a seguir adelante.
En el apartado interpretativo, el grupo mostró una entrega total y una intensidad constante, con una evolución positiva a lo largo del pase. La defensa del tipo fue sólida y el público respondió con entusiasmo a una propuesta que, aun siendo irregular en lo literario, conectó emocionalmente gracias a su valentía y personalidad. El estilo, claramente heredero de Juan Carlos Aragón, apuesta por el riesgo, la provocación y un discurso propio que se aleja de los parámetros clásicos de la chirigota.
En conjunto, Los amísh del mono firmó un pase irregular pero con un concepto fuerte y reconocible. La propuesta destaca más por su narrativa continuada y su personalidad que por la solidez de todas sus coplas. Con un exceso de escatología y pasodobles demasiado largos, la chirigota deja sensaciones encontradas en lo competitivo, aunque su capacidad de conexión con el público y su valentía artística resultan incuestionables en estas semifinales del COAC 2026.






























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