Sanidad concluye en un informe sobre la salud de la población migrante en España que usa menos recursos que la autóctona
El informe sobre la salud de la población migrante en España señala que las personas nacidas fuera presentan menor prevalencia en 16 de las 21 patologías que más gasto generan y consumen hasta un 62% menos de medicamentos

La población migrante residente en España presenta, en general, mejor estado de salud y un menor consumo de recursos sanitarios que las personas nacidas en el país. Así lo recoge el informe *Estado de salud y uso del sistema sanitario por la población migrante en España*, presentado este lunes por el Ministerio de Sanidad.
El estudio analiza la situación sanitaria de personas nacidas fuera de España y confirma el denominado “efecto del inmigrante sano”, un fenómeno descrito en la literatura científica que apunta a una mejor situación de salud inicial en quienes migran respecto a la población autóctona.
Para elaborar el informe, Sanidad ha comparado a la población nacida en España con personas procedentes de cinco grandes áreas geográficas —Unión Europea, África, Latinoamérica, Mediterráneo Oriental y otras regiones— y ha seleccionado las 21 patologías que concentran mayor gasto y presión asistencial en el sistema sanitario.
Los resultados indican que la población autóctona presenta mayor prevalencia en 16 de esas 21 patologías. En cuatro de ellas —trastornos de ansiedad, trastornos del metabolismo lipídico, infecciones respiratorias agudas del tracto superior y asma— las diferencias superan los 20 puntos respecto a las tasas registradas en las regiones analizadas.
En otros problemas de salud las cifras son similares. Es el caso del infarto agudo de miocardio, con una tasa de 8,7 por mil en personas nacidas en España frente a 8,8 en las procedentes de la Unión Europea. También ocurre con la hipertensión no complicada, con tasas de 172,2 en población autóctona y 174,4 en personas originarias de África. En el ámbito de la salud mental, el porcentaje de personas que acudieron a un profesional en el último año es prácticamente idéntico: 18,2% entre nacidos en España y 18,1% entre quienes nacieron en el extranjero.
El informe sí recoge cinco excepciones en las que determinados colectivos migrantes presentan peores indicadores. La diabetes mellitus no insulinodependiente alcanza una tasa de 103,2 por mil en personas procedentes del Mediterráneo Oriental, frente a 69,3 en la población nacida en España. La población de origen africano registra mayores tasas de hipertensión no complicada e insuficiencia renal crónica. Además, las personas nacidas en Latinoamérica declaran en mayor proporción problemas en su relación con el sistema sanitario (27,1 frente a 15,9), lo que el documento vincula a barreras administrativas y burocráticas.
En cuanto a la carga de enfermedad crónica, la diferencia es más acusada. La tasa de multimorbilidad —presencia de al menos un problema de salud crónico— es de 472,3 casos por mil entre las personas nacidas en España, entre un 24% y un 38% superior a la de regiones como Latinoamérica o la Unión Europea. La proporción de quienes padecen tres o más problemas crónicos es hasta un 65% mayor en la población autóctona.
Este patrón se refleja también en el consumo farmacéutico. La población nacida en España registra un consumo de medicamentos medido en Dosis Diaria Definida de 1.503,2, un 62,7% más que la población procedente de África y cerca de un 50% más que la de Latinoamérica.
El Ministerio advierte, no obstante, de que la ventaja inicial del “migrante sano” tiende a reducirse con los años de residencia en España. El informe apunta a factores como el acceso desigual a vivienda o alimentación adecuadas, condiciones laborales más precarias y la exposición a riesgos propios del entorno como elementos que pueden deteriorar progresivamente el estado de salud.
El documento también subraya que las barreras legales, administrativas y lingüísticas pueden dificultar el acceso a servicios de prevención y diagnóstico precoz, lo que podría agravar patologías si no se garantiza una atención sanitaria universal efectiva.
En el plano económico, el estudio sostiene que la población migrante contribuye al sostenimiento del Sistema Nacional de Salud en condiciones equiparables al resto de la ciudadanía y que su aportación supera los costes derivados de su atención sanitaria. Además, concluye que garantizar el acceso a la atención primaria y a los servicios preventivos resulta más coste-efectivo que limitar la asistencia a situaciones de urgencia, ya que el tratamiento en fases avanzadas implica un mayor impacto sanitario y económico.





