Una patera en Chiclana. Entre el dolor y la vergüenza

Gabriel UrbinaHace unos días, el día de mi cumpleaños, una embarcación repleta de inmigrantes magrebíes llegaba a la playa de La Barrosa y rompía la calma de una tarde de verano. La llegada a una playa familiar, cercana, de unas cincuenta personas hacinadas en una patera es una imagen que debería sacudir como pocas nuestras conciencias. Nos pone delante de los ojos, de forma violenta y sin ese muro de protección que nos brindan las pantallas, una amarga realidad que a menudo sentimos lejana. Nos recuerda que, mientras algunos dibujamos en la orilla el descanso sereno de nuestras vacaciones, otros apenas pueden garabatear una esperanza, la oportunidad de dejar atrás la guerra, el dolor o la miseria.

No es mi intención abrir aquí un debate estéril (al que ya me he referido en otras ocasiones) sobre cómo la Unión Europea debería afrontar este drama humanitario. Hoy sólo quería centrarme en lo más humano e instintivo, tal vez en lo más preocupante, y es la falta de empatía y compasión que llegan a mostrar quienes presencian en directo la dramática escena de un grupo de personas que huye desesperadamente, tras una odisea que ni siquiera alcanzamos a imaginar, por los acantilados de una playa. En esta sociedad podrida, la decadencia no es ni será nunca una migración de la que no está a salvo ningún ser humano, por muy seguro que se sienta en su país de origen, sino la falta absoluta de humanidad. Un drama como el que se ha visto estos días en Chiclana no sólo no provocó la empatía o la compasión de los que lo presenciaban (salvo alguna excepción que no confirma ninguna regla), sino que despertó comentarios xenófobos y burlas despiadadas.

Y comienzo por el energúmeno que graba la escena y cuya primera reacción es hacer un chiste sobre la desgracia que está presenciando. No sé su nombre ni su edad, pero sí conozco bien la clase de persona a la que pertenece, esa que sólo puede utilizar su cabeza (ante la duda, prefiero no utilizar la palabra cerebro) para retratarse: paletos, aborregados que buscan su minuto de gloria (y lo consiguen) convirtiendo en verdad esos tópicos sobre los andaluces que duelen hasta hacer rabiar; tan vagos, tan ridículos que repiten frases hechas sobre la inmigración porque son incapaces de imaginar un argumento propio que no suene a broma; tan mediocres, tan acomplejados que temen la competencia laboral de cualquier joven que llega a nuestra tierra sin papeles, sin saber hablar ni escribir nuestro idioma, sin recursos; tan estúpidos, en fin, que carecen del sentido del ridículo y tenemos que ser otros los que sintamos la vergüenza profunda de oír sus comentarios. Como digo, no sé su nombre ni su apellido, pero ya lo conozco (he conocido a muchos como él, y ellos sí son una plaga). Puedo imaginarlo levantando la mano para participar como voluntario en esas felaciones colectivas que aquí le hacen a menudo a patriotas como Florentino o a inmigrantes como Benzema o Messi, mientras humilla y se burla del que llega en patera, porque es pobre.

Luego están los palmeros (siempre desprecié más a los que alimentan con sus risas y palmitas cómplices a los imbéciles que a los propios idiotas), como esa mujer que le ríe el chiste para que lo repita (¿serán pareja? Ya se sabe, Dios los cría y ellos se juntan). La verdad es que no soy ningún filántropo y esta sociedad no me inspira confianza. Yo creo que, si a determinada edad careces de sensibilidad, de conciencia y de un mínimo de cultura, el cambio es prácticamente imposible. La vida es corta y hay gente que no quiere cambiar, que está demasiado ocupada trayendo niños al mundo o haciendo chapuzas para vivir sin pagar impuestos, como para ponerse a trabajar su mundo interior. Yo, ante estas situaciones, sólo albergo la esperanza de que ocurra el milagro y no sean padres. Y, si lo son, que ninguno de sus hijos se vea nunca en la situación de esos jóvenes, hacinados en una patera, expuestos a las burlas de individuos como sus padres.

La imagen de Occidente y África cruzando sus vidas en la orilla de una playa próxima es una oportunidad única para reflexionar sobre el mundo que estamos construyendo. Pero también, y esto es lo más importante, sobre la relación que siempre existe entre la amnesia selectiva, el egoísmo y la falta de empatía. La historia de las migraciones es y será siempre circular. Ojalá no tengamos que vivir en nuestra piel o en la de nuestros seres queridos una situación parecida a la de esas personas, y, si nos tocara vivirla, que nunca nos paguen con la misma moneda.

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2 Comentarios en "Una patera en Chiclana. Entre el dolor y la vergüenza"

  1. Álvaro de Mula Cano | 6 septiembre, 2018 at 10:45 | Responder

    Si vamos al fondo, esa patera probablemente no cruzó todo el estrecho, ni ha pasado “una odisea que ni siquiera alcanzamos a imaginar”; las mafias (otra de las cosas que se podría hablar) traen las pateras hasta la costa, y desde allí salen en la patera, todos con los chalecos nuevos y bien puestos.

    Todos saben exactamente hacia dónde ir al bajarse de la patera para no ser interceptados por la Guardia Civil con facilidad, y van en fila, porque ya tienen información de estas mafias de qué deben hacer y dónde ir.

    Efectivamente, es reprochable los chistes y comentarios del “cámara”, hacia esas personas, que pagan a las mafias los ahorros de toda una familia para intentar escapar de las increíbles dificultades que pasan en su hogar. Pero lo que me parece también reprochable, es que un periodista sea capaz de dedicar todo un artículo a ridiculizar a ésta persona que grabó el vídeo; sin la cual probablemente ni te habrías enterado de la noticia.

    Para mi, tu actitud es la misma que criticas y además demuestra falta de profesionalidad.

    • Buenas tardes, Álvaro. Me sorprende, en primer lugar, que tenga tanta información sobre lo que esos menores han vivido antes de acabar, como dice usted, en manos de unas mafias. De sus palabras deduzco que intuye la travesía en patera como un viaje seguro y no tan desagradable (imagino que con chalecos nuevos y bien puestos también se puede vivir una pesadilla). Que niegue que han vivido una odisea me hace pensar (tal vez me equivoco) que no ha hablado nunca, directamente, con alguna de esas personas (yo tengo amigos que llegaron en patera y le garantizo que no puede imaginar lo que han vivido antes de subirse a ella). Estoy de acuerdo con usted en que se puede (y se debe) hablar de las mafias, de la hipocresía de los partidos, de la falta de actitud o predisposición de la Unión Europea (y a todo ello le he dedicado otros artículos), pero en este quería centrarme exclusivamente (como expliqué) a la falta de empatía y humanidad de ciertas personas (de muchas personas). Estoy de acuerdo en que yo tampoco he demostrado empatía con la persona que grabó el vídeo y sus “palmeros”, pero es que no la tengo. Si alguien se siente libre para ridiculizar y humillar a personas que están viviendo una situación dramática y que no tienen voz para defenderse, yo me siento con libertad para expresar lo que pienso de esos individuos (y puedo estar equivocado, pero es lo que pienso). Me cuesta entender su capacidad para saber que probablemente no me habría enterado de la noticia sin ese vídeo aunque acepto que critique esa falta de profesionalidad. Si se refiere a la profesión de periodista, no lo soy. Soy profesor y escritor. Soy Licenciado en Filología Hispánica, en Filología Francesa y Máster en Estudios Hispánicos, pero no periodista. En un artículo de opinión, uno muestra libremente su opinión sobre un tema y puede dedicar no uno, sino varios, a criticar lo que le parezca criticable. También debe aceptar que no le guste a quien lo lee. Así que, aunque no comparta sus comentarios, los acepto y le agradezco su lectura y opinión. Un saludo.

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