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Mar. May 21st, 2024

El hombre que mató a Franco

José Luis BenIgnacio Jurado Martínez fue el hombre que mató a Franco o el que hizo justicia histórica según se cuente. Y quien lo cuenta es Max Aub en un delicioso relato  llamado Verdadera historia de la muerte de Francisco Franco. Sin duda una fábula que el tiempo y la muerte natural del dictador hizo aun más fabulosa. Pero lo traigo a colación porque Ignacio Jurado Martínez no es más que un silencioso y afanado camarero mexicano que se cansa de los vozarrones y eternas discusiones que los exiliados republicanos españoles mantienen en el cafetín en el que trabaja. Tanto se importuna con esas conversaciones a gritos que un día decide tomar vacaciones, viajar a España y asesinar al dictador. ¿Cómo lo consigue? dejo el enigma para los lectores.

Lo que me interesa es destacar como hasta en la derrota, en el exilio, en la falta de esperanza, aquellos republicanos en su gran mayoría de izquierdas siguen con sus divisiones y sus disputas, con sus eternas divisiones plagadas de insultos e imprecaciones. Y como si no hubiera pasado el tiempo, como si no hubiéramos cambiado de siglo, como si la historia no hubiese dado algunas volteretas acrobáticas,  la izquierda sigue ahí erre que erre con sus pequeñas mezquindades y sus desavenencias las más de barra de bar que de argumentación. Siempre fue así, a la historia me remito, pero en los últimos tiempos estamos rozando las más refinadas formas de cainismo.

La izquierda española está hoy dividida en dos grandes bloques, el Partido Socialista y la coalición llamada Unidos Podemos. Pues desde negarse la condición de progresistas hasta acusarse de hipócritas falsarios se puede oír de todo en ambas direcciones, dependiendo de en qué lugar se milite o simpatice las cargas van hacia el lado contrario. Se puede afirmar que en estos momentos un militante de izquierdas, la que sea, emplea más tiempo en insultar, literal, a la otra izquierda que en posicionarse contra el Partido Popular, en el que todos coincidiremos es el verdadero adversario para quienes deben representar a las clases populares. Y a Cádiz me remito.

Tenemos una corporación municipal en la que hay tres fuerzas que podemos calificar de izquierda en diferentes versiones. Un centro izquierda tradicional de corte socialdemócrata, un movimiento ciudadano en el que pesan militantes de Izquierda Unida y, por último, la izquierda emergente que postula una práctica política novedosa en sus propia palabras. Pues al día de la fecha no hay ningún tipo de acuerdo permanente entre los dos bloques que antes señalamos, tenemos un dos contra uno o un uno contra dos cotidiano con raras excepciones, en el debate presupuestario hemos tenido un ejemplo paradigmático. ¿De quién es la mayor responsabilidad? del otro dice cada cual. No se ven visos de solución. Hay una falta de voluntad apabullante y hasta que no pasen las elecciones del mes próximo me temo que no hay nada que hacer, después veremos.

A mi entender, en el caso de Cádiz mi ciudad y la que me duele, o se hace un esfuerzo claro, sincero y honesto por converger o a la vuelta de tres años tendremos de nuevo a la derecha en San Juan de Dios. Este periódico publicó ayer un editorial de balance sobre el año pasado y que no puede ser más pesimista en su análisis. Hay una idea en la que me gustaría insistir, Cádiz reclama una excepcionalidad política. Nuestra situación económica y social es tan grave que o todos sumamos o nadie saldrá del agujero y esa unidad debe pasar primero por la propia izquierda. Hay fórmulas para ello y no todo es necesariamente un gobierno de coalición, están los pactos puntuales, los presupuesto negociados, los programas de mínimos, los compromisos concretos, las mesas permanentes de encuentro, etc. Pero parece que ahora en Cádiz no es posible, da la impresión que nos movemos más por las hormonas y la irracionalidad que por el sentido común y el espíritu solidario que debe tener toda izquierda.

Como socialista tengo una pesadilla recurrente. Sueño que vuelve un estado fascista y me llevan a fusilar. En el camino me unen a un pelotón de desgraciados como yo que van al matadero, en esto que uno me reconoce y me dice ¿tú no eres del PSOE? ¿con qué derecho estás aquí para ser fusilado como si fieras de verdad de izquierdas?. Por fortuna creo que es un sueño que nunca pasará, cruzo los dedos, pero que estoy seguro que es creíble. En fin, por ahora a ver pasar las elecciones y a fiar que tras el 26J vuelva un poco de razón a la izquierda gaditana.

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