La cuestión social al comienzo del Sexenio Democrático

Al calor del surgimiento de la Primera Internacional y del aumento de la conflictividad social en la España que había vivido la Revolución Gloriosa y emprendido un camino democrático frente al sistema liberal moderado del reinado de Isabel II, los legisladores españoles tuvieron que terminar por abordar la cuestión social en las Cortes.

Los diputados de casi todas las tendencias políticas que se sentaron en el Congreso en los primeros tiempos de la etapa histórica que conocemos como Sexenio Democrático tuvieron que aceptar, muchos de ellos a regañadientes, que había que abordar la cuestión o el problema social, que se hacía necesario conocer datos sobre lo que estaba pasando con el nacimiento del movimiento obrero en el país y con el establecimiento de la Primera Internacional. Para los diputados más liberales, conservadores y reaccionarios, en su fuero interno debían pensar que no era una materia de discusión parlamentaria o, aunque reconociesen que había algo que hacer, se contemplaba como algo muy poco agradable. Pero también es cierto que para otros sectores parlamentarios en el lado demócrata y republicano era necesario conocer qué estaba pasando en talleres, fábricas y en el campo, si no se quería que la Revolución Gloriosa, eminentemente política, fuera desbordada por una revolución social.

En julio de 1869, el diputado Fernando Garrido Tortosa, figura señera del republicanismo y del primer socialismo español, plantó la primera proposición de la cuestión social. Garrido Tortosa pedía que se creara una comisión para que elaborase un informe sobre la situación de las clases trabajadoras agrícolas e industriales, con el fin de que las Cortes pudieran actuar en consecuencia. A Garrido le movía su probado humanismo y su poso utópico que, si por un lado, le hacía muy progresista para muchos diputados, por otro estaba alejado de lo que los internacionalistas fuera y dentro de España estaban defendiendo ya en esos momentos. La proposición fue aprobada, pero la comisión tardó mucho tiempo en formarse; Garrido tuvo que insistir en junio de 1871. Por fin se nombró.

En la nueva legislatura se hizo necesario que se crease una nueva comisión que continuase la labor de la anterior. En este sentido, el 21 de mayo de 1872, el diputado Sanromá presentó una nueva proposición. En ella aludía al interrogatorio que había elaborado la comisión anterior y que ya había respuestas al mismo. Pero lo más interesante de la proposición son las ideas que contiene la misma y que son harto significativas de lo que la mayoría de los diputados españoles del momento debían compartir. Sanromá dejaba muy claro que en la cuestión obrera había dos posturas o planteamientos. Por un lado, estaban las sociedades que imponían la huelga con violencia pretendiendo que se subieran de forma artificial los salarios, y por otro las que buscaban el socorro muto y la cooperación. Sanromá también ofrecía soluciones para abordar la cuestión social y que ejemplifican esta mentalidad preocupada por lo social, pero desde un marcado paternalismo: las propias informaciones parlamentarias, la enseñanza popular, los tribunales mixtos, y la creación de una especie de internacional de capitalistas frente a la internacional de los obreros. La proposición se aprobó. En la legislatura siguiente se aprobó otra proposición sobre creación de una comisión que continuara la labor de las dos anteriores.

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