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La Sociedad Andaluza de Oncología pide incorporar el ejercicio supervisado al tratamiento del cáncer de próstata

Redacción 5 noviembre, 2026 3 minutos de lectura

Con motivo de Movember, los oncólogos andaluces reclaman facilitar el acceso al ejercicio supervisado durante el tratamiento del cáncer de próstata para reducir la fatiga y preservar la capacidad física.

La Sociedad Andaluza de Oncología Médica (SAOM) ha pedido incorporar programas de ejercicio supervisado a la atención de los pacientes con cáncer de próstata. Con motivo de Movember, la campaña de sensibilización sobre la salud masculina que se celebra en noviembre, la entidad propone que los equipos sanitarios puedan evaluar a cada paciente, adaptar la actividad a su situación y hacer un seguimiento durante el tratamiento.

La petición se apoya en el ensayo clínico STAMINA, publicado en The Lancet Oncology. El estudio, realizado con 700 hombres atendidos en 15 centros del sistema sanitario público de Inglaterra, observó una mejor calidad de vida y menos fatiga al cabo de un año entre quienes siguieron un programa que combinaba ejercicio, asesoramiento nutricional y apoyo para mantener hábitos saludables.

Todos los participantes recibían terapia de privación androgénica, un tratamiento hormonal que puede provocar cansancio, pérdida de masa muscular y cambios en la composición corporal. Estos efectos pueden limitar la capacidad física y afectar a la autonomía de los pacientes, especialmente cuando el tratamiento se prolonga.

Los investigadores asignaron al azar a los participantes a dos grupos. Uno siguió durante doce meses el programa STAMINA, que incluía ejercicios aeróbicos y de fuerza supervisados, orientación nutricional y apoyo conductual. El otro recibió una versión reforzada de la atención habitual, con materiales informativos, recomendaciones y comprobaciones de seguridad para realizar actividad física.

Al final del seguimiento, el primer grupo obtuvo mejores puntuaciones en las escalas de calidad de vida y fatiga. El ensayo evaluó las tres intervenciones en conjunto, por lo que sus resultados no permiten atribuir la mejora únicamente al ejercicio. Los autores registraron tres efectos adversos graves relacionados con el programa; los tres pacientes se recuperaron.

La SAOM cita también una revisión publicada en Archivos Españoles de Urología sobre la actividad física durante la radioterapia. En ella participaron especialistas de los hospitales universitarios de Jaén, Virgen de las Nieves de Granada, Virgen de la Victoria de Málaga y Juan Ramón Jiménez de Huelva, junto con investigadores universitarios.

Según la sociedad andaluza, la revisión encontró que los programas supervisados de ejercicio aeróbico y de fuerza se asociaban con menos fatiga a corto plazo y con un mejor mantenimiento de la masa muscular y la capacidad física. Los autores observaron beneficios también en pacientes que recibían tratamiento hormonal al mismo tiempo, aunque señalaron que hacen falta más estudios para precisar los efectos sobre otros síntomas y complicaciones de la radioterapia.

Para la SAOM, el paso que debe dar la atención oncológica es ofrecer programas a los que los pacientes puedan acceder durante el tratamiento. La entidad plantea que la actividad se adapte a la edad, el estado físico, las enfermedades que tenga cada persona y el tratamiento que esté recibiendo. También pide que se fijen objetivos individuales y que los profesionales puedan ajustarlos conforme evolucione el paciente.

La sociedad considera necesaria la coordinación de los equipos de oncología con profesionales de rehabilitación y ejercicio terapéutico. Su propuesta sitúa la actividad física supervisada dentro de los cuidados destinados a reducir el impacto de los tratamientos en la vida diaria.