Las Ítacas de Cavafis

Acaba de nacer un nuevo año y va dando sus primeros pasos con recelo, ayudado por los deseos que visten de esperanza el horizonte. En este tiempo marcado por la pandemia, los sueños de cambio y la sed de un final que no acaba de llegar han provocado que le arranquemos días al calendario, con el anhelo de alcanzar pronto esa normalidad prometida. Sin embargo, esos días que vamos deshojando (y que no volverán) tampoco aseguran que lleguemos pronto al destino esperado. Así, en medio de esa batalla entre el deseo de que el tiempo avance y de que no se nos escape de las manos, he vuelto a tropezar con Ítaca, el poema que un día escribiera Cavafis para realzar la importancia de un viaje sin el cual la meta carece de sentido.

Como ocurre con esas obras que han despertado la curiosidad de las musas, el texto que el poeta griego compuso en los umbrales del siglo XX es atemporal, y te habla a ti, aquí y ahora, con la misma intensidad con la que habló o hablará, en otras épocas y lugares, a otras personas. Las Ítacas que dibuja Cavafis se han convertido en lugares comunes, compartidos por todos, porque simbolizan la partida y el regreso, el dolor por la pérdida y la ilusión del reencuentro, la meta prometida y el viaje hasta alcanzarla.

Sin que se nombre a Odiseo (o Ulises) en ningún momento, el lector siente desde el comienzo la sombra del héroe. Y es que no es posible imaginar aquel reino mítico sin recordar a su rey y a su familia. Odiseo emprende el camino de regreso a Ítaca tras diez años combatiendo en la Guerra de Troya. Tardará otros diez años en llegar a su hogar, donde su mujer Penélope y su hijo Telémaco habrán estado aguardando el reencuentro durante veinte largos años. Cualquiera que se imagine emprendiendo un viaje hacia Ítaca y recuerde la terrible odisea que viviera Ulises, desearía que su viaje fuera corto, sin las adversidades de aquel relato inmortal. Sin embargo,  Cavafis, que se dirige al lector con el tono exhortativo de los dioses, como si cada uno de nosotros llevara por dentro su Odiseo particular, nos aconseja que pidamos que el viaje sea largo: 

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.

Y aquí es donde surge la primera paradoja y la primera pregunta del lector: ¿un viaje largo? ¿Teniendo claro el destino y recordando, en cada paso, a los seres queridos? ¿Sabiendo que en el camino aguardan cíclopes y lestrigones, sirenas y la furia de algún dios encolerizado? No tardará el poeta en responder. Acortar el viaje sería apagar la vida, ensombrecer el tiempo que necesitas para aprender a mirar, asimilar y conocerte. A pesar de las dificultades de un año como el que termina, los fantasmas interiores y los miedos se presentan más grandes que los cíclopes y más persistentes que la furia de Poseidón. Así, el viaje y la forma de afrontarlo se convierten en el arma más poderosa. Si eres selectivo con la información que te alimenta y con la gente que te rodea, con tus metas, si mantienes siempre encendida la llama de la curiosidad, ya habrás derrotado a tus principales enemigos:

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

En una sociedad de recompensas rápidas y metas prefijadas, definidas (a menudo impuestas), ser selectivo y fiel a tu propio ritmo es lo único que puede hacerte disfrutar de la experiencia y extraer el aprendizaje que se desprende de las adversidades, de cada alegría y cada sacrificio. Para Cavafis, tan importante es soñar y tener clara la meta como darle al viaje la importancia que merece. Sin esa odisea diaria, los sueños quedan vacíos, las metas pierden su sentido. Ítaca no tiene nada que darte cuando vas saltando de objetivo en objetivo; Ítaca tiene todo por darte si has sido consciente del camino y de cada paso, del esfuerzo realizado para merecerte su presencia. 

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
[…]

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Las Ítacas están por todas partes: Ítaca es el trabajo que estás buscando o las próximas vacaciones; Ítaca es tu sueño por cumplir y esa nueva normalidad que nos prometen a diario. Que el viaje (y quien dice viaje dice vida) sea largo y esté repleto de momentos luminosos, aunque haya que robárselos a la incertidumbre y a los miedos. Ni siquiera este año, repleto de cíclopes y lestrigones, merece que le arranquemos sus días al calendario. Para Cavafis, ninguna meta, por buena que parezca, tiene sentido cuando descuidamos el viaje. 

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