Tiempo electoral

José Luis BenGuste o no guste, estamos en tiempo electoral. En realidad se tiene la impresión de que estamos en una campaña electoral que dura algo así como un año o más incluso. El fracaso del parlamento disuelto en el objetivo de elegir una gobierno para nuestra nación nos ha colocado en posición de campaña electoral pura y dura. No hay otro remedio y nos seré yo el que diga si esto es bueno o malo, o regular. De entrada votar no me parece algo negativo sino por el contrario más bien positivo. El problema es que vamos a las urnas tras la incapacidad de los diputados elegidos el pasado mes de diciembre para ponerse de acuerdo en torno a un gobierno para España. Pero no me quiero lamentar ni perder el tiempo en ese hecho, así fueron las cosas y de poco sirve removerlo. Lo que me interesa es reseñar que una campaña de buenos modos, de fair play en el más puro estilo británico, nos vendría bastante bien a todos. A electores y a elegibles.

Para empezar pediría a los partidos y personas en liza que sean algo más propositivos y menos propensos a descalificar. O lo que es lo mismo que empleen la mayor parte de su tiempo y sus recursos para hacernos llegar a los ciudadanos sus propuestas, alternativas, proyectos, soluciones más que atacar, cuando no simplemente a insultar, a sus adversarios. No se cansen, ya sabemos que los otros son muy malos y perversos lo que queremos saber, no lo duden, por qué hay que votarles a ustedes, qué tienen de bueno en su programa. Eso sin descender al inframundo  de algunos foros de las redes sociales, da miedo el cinismo, mala educación y guerracivilismo que existe. Si uno sólo leyera eso pensaría estar en la antesala de una nueva y cruel guerra civil, la agresividad verbal y de intenciones produce pánico.

Los ciudadanos debemos exigir a la clase política, casta o descastada, que abandonen esos excesos de tacticismo en que están inmersos, ese día a día de regate corto y búsqueda del aplauso fácil mediante la moda del zasca. Lo que nos interesa es el relato de cómo van a construir un sociedad más próspera, libre e igualitaria. Lo demás, esos supuesto destellos de ingenio en la réplica, no dejan de ser chistes fáciles que en el mejor de los casos nos dice que estamos ante un chistoso. ¿Es pedir demasiado? por lo visto sí y habrá que prepararse para lo que nos queda.

Tolerancia, respeto del turno de intervenciones y de los tiempos, mensajes claros y sencillos, eso es lo que necesitamos. Lo demás sobra, al menos al abajo firmante. Basta un sencillo cambio de registro en las cabezas de los líderes políticos, el que pasa al otro del rol de enemigo al de adversario. ¿Ocurrirá? me temo que no. Un ejemplo, no hace ni dos días que Podemos e IU han sellado, a falta de las consultas internas, la alianza electoral entre grandes declaraciones de qué es el PP el único adversario para que hayamos podido comprobar una pléyade de mensajes antisocialistas, contra el PSOE, a todos los niveles. Y la correspondiente réplica abrupta de los socialistas. Si entre gentes que son de la misma esfera ideológica no hay un mínimo de respeto ¿qué podemos esperar cuando el enfrentamiento sea entre grupos antagónicos? Lo peor, me temo.

Nuestra democracia tiene en estos momentos graves problemas y carencias. No voy a enumerarlas pero a mi entender existe un defecto esencial y es que observo una preocupante falta de civismo. Victoria Camps y Salvador Giner tienen un delicioso libro llamado Manual de civismo en el que escriben que “civismo y democracia se hallan íntimamente ligados. Una democracia incivil es, sencillamente inconcebible”. Mediten estas palabras y después pregúntense ¿Cuánto de cívica tienen nuestra clase política actual, nuestra ciudadanía, nuestros partidos e instituciones? Mucho camino por recorrer aun, sin duda.

 

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