Últimas noticias
Sáb. Mar 2nd, 2024

Las sociedades distópicas

Por Rosa Freyre May 24, 2016 #opinión #Rosa Freyre

Rosa Fryre articulistaEntre los temas  que nuestros jóvenes disfrutan en numerosas series televisivas, cuyos protagonistas son desde vampiros a muertos vivientes, así como en cine, todos sabemos y conocemos del éxito de la serie literaria y cinematográfica Los Juegos del Hambre.

Pues bien, series como «Walking Dead» o la citada «Los Juegos del Hambre» son muestras de lo que se desarrolla dentro de una sociedad que se define como distópica.

La distopía se afianza en la forma de una sociedad caracterizada, entre otros aspectos, por la pobreza a nivel general, la total falta de confianza pública, la presencia del llamado Estado policial, deviniendo la persistencia de la miseria y el sufrimiento, todo ello bajo el control del poder absoluto del antedicho Estado.

Tanto es así que una sociedad distópica nos ofrece un mundo en el que la privacidad y las diferentes libertades están totalmente controladas.

Fue en 1921 y gracias a la publicación de «Nosotros», del ingeniero ruso Yevgeni Zamiatin cuando nace la literatura distópica, en la que la ciencia y la tecnología sirven para que unas determinadas y dominantes élites esclavicen a la Humanidad.

Esta obra solo sería el germen de tres grandes publicaciones que llegarían a convertirse en grandes clásicos: «Un mundo feliz», de Aldous Huxley, una más que sombría metáfora sobre el futuro, en la que se vaticina el triunfo del consumo, en beneficio de la comodidad. Es la anticipación del desarrollo en lo que es la tecnología reproductiva, la experimentación con cultivos humanos, que cambian de forma radical los principios de nuestra sociedad. Pese a que sus habitantes parecen vivir «un mundo feliz», todo ello se ha conseguido a base de eliminar algo tan fundamental como la familia, las diversas culturas, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía; en resumen, es el triunfo total de la tecnología al servicio del poder absoluto del Estado.

Otro de los grandes títulos que nos hacen una exposición genial de lo que puede considerarse una sociedad distópica, es la novela «1984», escrita por George Orwell, con una marcada tendencia política, que nos plantea los principios o conceptos del omnipresente Gran Hermano o Hermano Mayor, la existencia de la habitación 101, la brutal policía del pensamiento y la conocida como nanolengua, que contribuye a que las expresiones lingüísticas se vayan reduciendo, de tal forma que aquéllo que no tenga forma expresiva, escrita o hablada, no existe.

Quizás sea la más acertada a la hora de plantearnos coincidencias con lo que vivimos en la sociedad actual, víctimas de la manipulación de la información y de lo que tanto se persigue como es la vigilancia con carácter masivo y la represión, tanto dentro del plano político como social.

«1984» fue un gran éxito de ventas cuando se publicó en 1949, y pasado el tiempo, su actualidad temática la hace una lectura obligada.

La última de las novelas que refiero en este artículo es «Fahrenheit 451», de Ray Bradbury, publicada en 1953, y cuyo título obedece a la temperatura en la escala Fahrenheit (ºF), a la que el papel de los libros se inflama y arde, y que equivale a 232,8 ºC.

Quizás sea una de las más conocidas, pues fue llevada al cine por François Truffaut, que hizo de la misma una versión de espléndida calidad.

Distopía es el término opuesto a utopía, en tanto en cuanto nos plantea situaciones en las que los diferentes discursos ideológicos nos llevan a extremas consecuencias.

Es por ello que la distopía, como concepto genérico, nos viene a advertir sobre los peligros que se contemplan en nuestras sociedades actuales.

En definitiva, las historias distópicas son una clara y evidente protesta contra determinadas formas de gobierno o ideales sociales extremistas, que alimentan la alienación del individuo, en favor de una colectividad, y que terminan resultando peligrosos.

Es por ello que debemos perseverar en la conservación de los valores individuales, en la medida en que la sociedad permita hacer que el ser humano pueda saberse libre, para pensar y actuar, y conocedor de todo aquello a lo que conduce la manipulación por parte del poder, en los más variados ámbitos.

Related Post