Entrevista a Manuel Carballal: «No me cabe la menor duda de que el aficionado al misterio no quiere saber la verdad»

Manuel Carballal (A Coruña, 1967) es uno de los grandes nombres del misterio. Esto es así le guste a él o no. Investigador todoterreno, incansable, son incontables las horas que este hombre se puede pasar en carretera, de aquí para allá, en busca de la verdad. No le gusta prodigar su imagen actual, y se entiende, entre cosas porque lo han amenazado más de una vez (que se lo pregunten si no a los seguidores “talibanes” de Carlos Castaneda, sobre el que escribió el polémico libro La vida secreta de Carlos Castaneda). Por eso, esta entrevista se ilustra con fotografías suyas antiguas, cedidas por él, y con una de la charla en la que solo se ven sus manos.

Con sus fanzines de El Ojo Crítico, que lleva años sacando gratuitamente, y donde él, o sus colaboradores, publican investigaciones que no tienen desperdicio, también se ha ganado algún enemigo. Otro tanto podría decirse de sus magníficos Cuadernos de Campo: Traficantes de ilusiones: OVNIs, parapsicología, enigmas y posverdad, Extraterrestres en la Antigüedad… o no, Asesinos del más allá: vampiros, hombres-lobo y asesinos en serie, Meigas: las brujas sabias. Curanderas, chamanas y mujeres de poder en Galicia… Pronto saldrá el último: El gallego sabio. Óscar Rey Brea: El hombre que descubrió los OVNIs. Por otro lado, Manuel Carballal asesoró a Rodrigo Cortés en la película Luces rojas (Red Lights, 2012).

Es un crack, vaya.

¿Hay mucho farsante en este mundo del misterio?

Te iba a decir el 90%… No, hay mucho farsante, claro que sí, pero creo que infinitamente menos que en el mundo de la política, de las farmacéuticas, de la policía, del derecho, del cine… Por una cosa muy sencilla: el mundo del misterio te puede servir para alimentar el ego, pero no da un puto duro, porque toda la pasta o se la lleva Iker Jiménez o J.J. Benítez, y ya no hay más. No se venden apenas libros, las revistas han ido cerrando… Todas las cabeceras que había a finales de los 90 principios de los 2000 se han ido a la quiebra. Todos curramos gratis… Salvo uno o dos podcasts ninguno está monetizado… O sea, no hay dinero. Esto hace que, comparado con cualquier otro tema que sí genera pasta, haya mucho menos farsante. Los que pueden decir que viven del misterio o es que han montado una secta o son videntes y tienen una consulta, o son Iker Jiménez y Benítez. No hay más. Esto no genera beneficios. Pero sí te puede convertir en una “estrella mediática”. Es decir, el mercado del misterio es muy marginal, y esto es un hecho, porque si metes a todos los seguidores del misterio en el Bernabéu no llenas ni dos gradas. ¿Cuánto vende al mes la revista Más allá? Creo que está entre los tres mil o cuatro mil ejemplares… O sea, El Ojo Crítico, la revista que hago yo, tiene más lectores que Más Allá o que Año/Cero y Enigmas, que al final se tuvieron incluso que fusionar. Ahora mira lo que vende el Pronto, Semana, Diez Minutos, el As o el Marca.

¿Y por qué puede subir el ego hablar de ovnis, fantasmas…?

Porque nadie vive del misterio (yo curro en un taller, otro es guardia de seguridad…), pero puede dar un nombre, cierta proyección, porque se tiene un canal de YouTube, se sale en programas de radio, se publica un libro, del que por cierto no se venden ni cuatro ejemplares, y de repente das una conferencia y ves a gente aplaudiéndote. Esto mola. Si encima terminas la charla y viene una chavalita a pedirte un autógrafo, es la hostia. Joder, a mí cuando estoy arreglando el tubo de escape de un coche no me viene nadie a pedirme un selfie. Entonces, yo pienso que en el mundo del misterio hay mucha vanidad porque no hay nada más. Esto, al final, es un problema porque hace que la gente se empecine en posturas equivocadas, aunque se les demuestre que lo están.

¿Crees que esa proyección es mayor si manipulas la realidad y/o perpetúas temas que ya se han demostrado que son más que falsos?

Sin ninguna duda. ¿Crees que aparecería ahora un político que dijese la verdad del motivo por el que está en política? No sé si te acuerdas de aquella grabación del Caso Naseiro, cuando un ministro del PP, que estaba hablando con el director del Canal Nou, dijo “yo también estoy en política para forrarme”. Eso no te lo va a decir nunca un político abiertamente. ¿Te imaginas a un director de una farmacéutica diciéndote que la salud no es negocio y que necesita que la gente esté enferma para venderle los productos? Entonces, en el mundo del misterio, el aficionado no quiere saber la verdad. La gente que compra Más Allá o que escucha La Rosa de los Vientos, o Espacio en Blanco, o El Centinela del Misterio, quiere misterios, no quiere respuestas. No quiere que vayas diciéndole que las Caras de Bélmez son un fraude, Anne Germain es una estafadora…

¿No les interesa la verdad?

No me cabe la menor duda. Llevo treinta años editando gratis El Ojo Crítico y aquí solo publico investigación. En la mayoría de los casos encontramos la respuesta a un misterio y, cuando no la encontramos, también lo publicamos. Hemos investigado algún caso ovni, por ejemplo, y no hemos hallado explicación, pero esto es un 5 o un 10% de las veces. El problema del misterio es que nadie investiga y solo hay divulgadores, porque investigar cuesta pasta y divulgar es irte a Google y montarte tu podcast hablando del Triángulo de las Bermudas o de lo que sea. Y esto es lo que quiere el consumidor: reafirmarse. Todas las encuestas que se han hecho con los seguidores de estos temas arrojan que el 99% cree en la vida más allá, que nos visitan extraterrestres… Claro, si llegas y les dices que no es tan fácil, que la mayoría de los casos tienen explicación si los investigas, pues no gusta. Y yo creo en los fenómenos paranormales. Estoy convencido de que existen cosas extrañas, pero, como son la excepción de la regla, por eso lo llamamos paranormal.

¿En qué crees tú exactamente dentro de toda esta amalgama de anomalías?

Hostias, yo me he enfrentado a casos que no he podido resolver. Creo en las facultades psíquicas, por ejemplo, porque he tenido la suerte de conocer personalmente a Uri Geller… ¿Ves? Con esto yo ya me desacredito. Aquí se acaba toda mi credibilidad. He estado dos veces en persona con él y he hablado otras dos veces. Yo soy ilusionista, me conozco los trucos de ilusionismo, y yo lo que le vi hacer a Uri Geller en la intimidad, no en un plató de televisión, sino cara a cara con él, no sé cómo lo hizo. Entonces, esto me permite mantener la esperanza de que algo hay. Participé desde el principio en la comisión del equipo de investigación de Mónica Nieto, una niña de Cáceres que reproducía prácticamente los mismos fenómenos que Geller y yo no sé cómo cojones lo hacía…

¿Qué hacía exactamente?

El caso de Mónica empezó con 14 años porque una de sus compañeras de colegio era la hija de Pedro Criado, miembro de un grupo de investigación paranormal, el CEPEX, del que yo también era miembro. Entonces un día la amiga de Mónica llegó a casa y le dijo a su padre que tenía una amiga que hacía esas cosas paranormales que a él le gustaban. Mónica doblaba metales. Se montó una comisión en la que estaban Alfredo Bonavida, profesor de Física en la Universidad de Barcelona, Germán de Argumosa, Rafael Rivera… Bueno, un comité con psiquiatras, físicos, etc., y se hizo una investigación ante notario. Hay un informe muy completo publicado en el especial de parasicología de El Ojo Crítico. Descubrimos cosas alucinantes. Fueron cuatro años al final dedicados a estudiar telepatía, precognición y clarividencia. Aprendimos un huevo de cómo funciona la mente respecto a estos temas. Cosas tan alucinantes como que ella decía que, cuando se producía el fenómeno, las manos se le calentaban. Y esto lo medimos con termómetros. Está recogido en las actas que, cuando se producía el fenómeno, aumentaba la temperatura 0,5 o 1 grado. ¿Cómo coño haces eso?

¿Dónde está Mónica Nieto ahora?

En Cáceres. A la niña no le molaban estos temas. Era a su madre a quien le gustaba y quien le decía que se sentara a doblar cucharas. En cuanto cumplió la mayoría de edad dejó de exponerse. Se apartó totalmente de estos temas, porque, además, cuando aparece una perla totalmente anómala, como era ella, empiezan a caer buitres del cielo. Yo vi cosas escandalosas. Por ejemplo, vi un dibujo de una tarta que le había hecho el presidente del grupo de investigadores y con el que quería explicarle que había que repartir los trocitos: uno para mamá, otro para papá, otro para ella y, claro, otro para él. Otro día, estando en casa de Mónica para comer, y esto te juro que es verdad, llamaron al timbre y un cartero traía un telegrama desde Alemania. La madre lo abrió y me lo enseñó. Era de un parasicólogo, y siento mucho no poder citar el nombre para su eterna vergüenza, que decía que era de la Universidad de Friburgo de Brisgovia y que había formado parte del equipo de Hans Bender. Quería hacer un experimento para confirmar las facultades precognitivas de Mónica y, el hijo de la gran puta, le enviaba un boleto de la quiniela alemana para que la niña le dijera qué números iban a tocar. Entonces, es normal que Mónica mandase a tomar por culo a los de la parasicología llegado el momento.

Antes mencionaste a Uri Geller y me sorprende que hayas destacado sus capacidades, cuando normalmente es hablar de Uri Geller y provocar el cachondeo.

Carballal caminando sobre brasas

Ya, ya. Tengo que reconocer que conmigo se ha portado muy bien cuando he acudido a él para investigaciones con las que él no va a sacar nada, como por ejemplo con la de Carlos Castaneda. No tengo queja. En 1992, creo recordar, yo hacía un programa en la Televisión de Galicia que se llamaba Mundo misterioso. En el espacio teníamos un primer bloque dedicado al trabajo de campo y nos íbamos por ahí a grabar testigos, fenómenos, etc., luego había una encuesta a pie de calle, después teníamos a un famoso y luego, antes de un debate, una experiencia en plató. Esto último respondía a eso de que yo creo en lo paranormal y, entonces, no hay que andarse con rodeos y demostrarlo. Tú dices que doblas cucharas, pues vas y lo demuestras. Hicimos un montón de experiencias en plató, por ejemplo, con un médium brasileño, José Medrano, que decía que pintaba, en trance, obras de grandes maestros de la pintura, y lo hizo (de hecho, yo tengo en casa un Monet pintado por él). En otra ocasión, alguien vino a caminar sobre brasas. Quemamos una tonelada de leña fuera del plató, montamos una alfombra de brasas y pasó él, yo y el resto de mi equipo. Por cierto, solo se quemó el realizador, Tito Rojas.

Ah, ¿era Tito Rojas el realizador?

Sí, él flipó, porque venía de hacer culebrones y me lo llevé por toda España a entrevistar a Paul Naschy, pilotos que habían visto ovnis… Luego escribió un libro sobre su experiencia con el misterio en el programa.

Perdona que me desvíe. ¿Por qué entrevistaste a Paul Naschy?

Lo entrevisté para un programa sobre los fraudes paranormales porque él fue víctima de dos falsas videntes.

Bueno, continuemos con lo de Mundo misterioso y Uri Geller.

Uri Geller y Manuel Carballal

Hice un programa sobre el poder de la mente y me traje a varias personas, una de ellas Uri Geller para que hiciese una experiencia en plató. Fue muy interesante toda la intrahistoria porque en ese momento coincidíamos en antena yo con mi programa y Félix Gracia con Otra dimensión, en Telecinco, y, claro, él tenía todo el poder de ese canal. Uri Geller cobraba un millón de pesetas por intervención y la Televisión de Galicia no se lo podía pagar. Hablé con Javier Sierra, que en ese momento era redactor del programa de Gracia, y le pedí hacer un pacto para pagarlo a medias ya que mi programa, por ser autonómico, no era competencia de uno nacional. Como Félix Gracia tenía mucha pasta por parte de Telecinco, no quiso, y yo me olvidé. Nunca supe qué pasó, pero, después de estar negociando con el cuñado de Geller, que es su agente, me llamó y me dijo que no llegaban a un acuerdo con Telecinco y que si queríamos venían a nuestro programa por la mitad de precio. Entonces, yo tuve cuatro días a Uri Geller para mí solo. Hicimos un montón de experimentos. Él estaba un poco aburrido de ir doblando cucharas por el mundo, y pactamos que se iban a hacer una serie de experiencias que preparábamos y controlábamos nosotros, y a mí no me cabe ninguna duda de que mi equipo no estaba compinchado con él. Y pasó de todo. Uri nos pedía relojes averiados y certificados por los relojeros donde los compráramos. Le llevamos una bandeja. Pactamos dos experiencias prácticas y una entrevista, pero nos dijo que si había buen rollo podía estar toda la noche haciendo cosas. Hubo tan buen “feeling” que fue el programa más largo de toda la serie de trece que hicimos. Uri Geller llegó a proponerme que presentara un documental internacional sobre su vida, pero el dueño de la productora para la que yo trabajaba era palestino y Uri es judío. Bueno, lo del doblaje de metales no estaba incluido en contrato, pero terminó el programa y Uri y su cuñado se fueron a cenar al hotel Araguaney. Luego fuimos los demás: Carlos Gabriel Fernández, Fernando Magdalena, François Brune, yo… Uri estaba en otra mesa y cuando terminó y se levantó para irse, Fernando, que es muy lanzado, le dijo que no podía irse sin hacernos lo del doblaje de metales. Uri cogió un tenedor de la mesa, y los tenedores del Araguaney son de acero macizo, no de chichinabo, y comenzó a acariciarlo entre la cara de Carlos Gabriel y la mía. No sucedió nada, pero en ese momento venía un camarero con un puñado de llaves y Uri Geller nos dijo que el contacto con el metal es lo que le facilitaba producir el fenómeno. Le pidió las llaves al camarero, las cogió con una mano y con la otra comenzó a masajear el tenedor hasta que dio la impresión de que comenzaba a curvarse, pero Uri negaba con la cabeza y se puso a mirar la estancia. Vio que había unos maceteros de forja, enormes, puso un pie encima de uno y entonces vimos cómo el tenedor comenzó a doblarse hacia arriba. No hacia abajo, que es como lo hago yo con trucos de ilusionismo, porque hay muchas técnicas. En la película Luces rojas, Robert de Niro hace un doblaje de metales y fui yo quien se lo enseñó. Sé cómo se hace, pero no sé hacerlo como lo hizo Uri Geller. Me desconcertó. El tenedor doblado aún lo conserva Fernando Magdalena. Años después, en Barcelona, Uri Geller me dobló la llave del garaje de mi casa.

Has mencionado Luces rojas y no puedo pasarlo por alto. Estuviste con Robert de Niro, tío. Cuéntame.

Manuel Carballal «atravesándose» la cara con un bolígrafo

Fue algo totalmente imprevisto. Un día me llamó uno, que resultó ser Rodrigo Cortés, que solo había hecho entonces cortometrajes y Concursante (2007), que yo no conocía. Me dijo que tenía un proyecto para hacer una película sobre un investigador de fraudes paranormales. Tuvimos una primera reunión en un Vips, recuerdo, y me lo explicó. Él quería que le contara mis aventuras en este mundo y él iba tomando notas. Luego en la película se ven casos que yo le conté, como mis movidas en Haití o incluso alguna cosa de Mónica Nieto. Cuando Rodrigo Cortés me contó el proyecto, en principio era para una película española, pero luego hizo Buried (Enterrado) (Buried, 2010), que fue un éxito, y, cuando volvimos a hablar para el proyecto de Luces rojas, me dijo que iba a ser una producción con Sigourney Weaver, Cillian Murphy y Robert de Niro. Quería que yo llevara el tema de la magia, los trucos de ilusionismo. A mí en principio se me contrató para enseñarle a Cillian Murphy lo que sale en la película, como lo de atravesarse la cara, pero lo de De Niro surgió porque un día fui al rodaje y estaban terminando de rodar con él. Recuerdo que llamé a mi madre emocionado para decirle que tenía a Robert de Niro a cuatro metros. Justo antes yo había pasado por Barcelona, por la tienda Magicus, y venía con unos efectos de doblaje de metales muy limpios. Le comenté a Rodrigo que era una pena no haberlo sabido antes porque les podría haber podido enseñar esos trucos. Se lo hice y flipó. Entonces, me dice: “¿tú esto se lo podrías enseñar a Bob”? Y yo “¿Bob? ¿Qué Bob”. Se refería a Robert de Niro. Me llevaron a su caravana y se lo enseñé. Luego estuve a su lado en el set. De hecho, Rodrigo Cortés me contó que, cuando presentaron la película en Sundance, los periodistas solo querían saber cómo se había hecho el momento del doblaje de metales.

¿Cuál es el caso de fraude más importante con el que te has encontrado?

Carlos Castaneda, sin duda. Cambió la historia del mundo. En tu gremio, Carlos Castaneda es el inspirador de George Lucas. Castaneda sale en Perdidos, Expediente X, Star Wars, Los Soprano, True Detective… ¿Por qué? Porque él vivía en Los Ángeles, al lado de Hollywood, e iba a todas las fiestas. Cuando estaba con nosotros, con sus discípulos, él nos lo contaba y ponía verde a Clint Eastwood y a todos los famosos, porque para él estos eran subhumanos… Es una historia muy larga. No me quiero enrollar. En el mundo del cine, George Lucas estudió antropología antes del cine y quedó prendado de Las enseñanzas de Don Juan. Toda la dinámica del maestro Joda con Luka Skywalker y los jedi está sacada de ese libro. Así, con el cine, su huella se perpetúa por los siglos de los siglos. Este es el caso más importante y lo más difícil que he hecho en mi vida.

¿La investigación es tu vida?

Mira, yo investigo para mí. Es mi razón para vivir. Tengo una serie de preguntas sobre las que quiero respuestas y lo que intento es encontrarlas y compartir lo que averiguo.

A veces esas respuestas joden.

Pues que no las lean. No es mi problema. No tengo un podcast ni un programa de televisión. Soy un friki que lleva treinta años haciendo un fanzine gratuito y autopublicándome libros. Pero sí soy consciente de que, cuando se desmonta a un dios, te conviertes en un hereje, pero esto va con el oficio.

¿Te has ganado muchos enemigos?

Cuando terminaba de escribir La vida secreta de Carlos Castaneda lo decía, que sabía que mucha gente se iba a cabrear, pero no podía imaginarme que llegasen a amenazarme de muerte a mí y a mi familia, o que llegasen a usurpar mi identidad… De repente empecé a recibir reservas de plantas de hoteles que por supuesto no había hecho. Un día me llamó un amigo de un académico diciéndome que cómo podía haber invitado a un profesor de universidad a una reunión de la comunidad LGTB para una orgía satánica. Esto es muy incómodo, joder. Yo recibo en mi ordenador, todos los putos días del año, pornografía infantil. Me dan de alta en páginas así e imagino que será para que me detenga la guardia civil. Con lo de UMMO me pasó igual. No me podía imaginar el odio que recibí por investigar el caso UMMO. Yo sé que si pudieran pegarme un tiro no lo dudaban.

¿También sufriste ese odio por gente que considerabas amiga?

Sí, claro. Hostias, cuando fue lo de Antonio Ribera fue traumático para nosotros… Ahora se va a volver a liar con mi nuevo libro… Pero, tío, si estoy equivocado, demuéstramelo. Dime en qué me he equivocado. No te cagues en mi puta madre. Dime en qué me he equivocado y yo rectificaré. Es lo que le digo siempre a los seguidores de Castaneda: oye, si hay un solo dato, una fecha, un punto, una coma, algo que esté mal en el libro, dímelo y, si te lo has comprado, te devuelvo el dinero. Además, no tengo ningún problema. Si es que a mí me suda la polla Castaneda. Me da igual si es verdad o falso. Yo estoy compartiendo lo que he descubierto. Mi libro La vida secreta de Carlos Castaneda es la única biografía sobre Castaneda que se ha escrito en el mundo. Siendo un personaje con esa notoriedad, no hay ninguna más. Dediqué seis años de mi vida a este trabajo y aún estoy pagando préstamos porque me arruiné económicamente con esta investigación. Si me he equivocado en algo, dímelo. Si me he equivocado con UMMO, dímelo. Investigué a Xavier C., una supuesta abducción extraterrestre de un tío con el que nadie había contactado desde 1985, y, creo que fue cuatro años lo que tardamos en dar con él. Cuando pudimos hablar con él nos dijo que todo era mentira, que se lo había inventado porque Antonio Ribera le había pagado diez mil pesetas. ¿Qué haces entonces? O te lo callas, y eres cómplice, o lo cuentas. A mí esto me puso en un dilema e incluso en mi muro de Facebook dije a la gente, sin decir el nombre de Ribera, que había descubierto que alguien que yo consideraba mi abuelo ufológico, que me había tratado muy bien siempre, estaba implicado en un caso escandaloso, y que si debía decirlo o no. Todo el mundo me dijo que lo tenía que decir, incluso aquellos que luego, al saberse el nombre, me crucificaron los primeros. Siempre digo que cada número de El Ojo Crítico me cuesta dos o tres amigos.

¿Qué le dirías a la gente que quiere empezar a investigar anomalías?

Es que no hay un manual. Depende. Creo que se hace camino al andar, pero hay que andar. Lo que sí tengo claro es que no se puede investigar desde Google. De hecho, cuando empecé mi colección de libros Cuadernos de Campo, en la introducción del primer libro digo que solamente los que hacemos trabajos de campo tenemos cuadernos de campo para tomar notas de las cosas que hacemos, porque si estás moviéndote solo por Internet puedes conseguir mucha información, sobre todo mucha desinformación, pero si tú no interactúas con el testigo, no le miras a los ojos, no ves su expresión corporal; si no ves si llora, o ríe, cuando le hablas, no vas a entender el mundo del misterio. La esencia del misterio son experiencias que tienen personas, te tienes que sentar con ellas cara a cara, sobre el terreno, y cuando digo sobre el terreno no me refiero solo a la entrevista con el testigo, sino a ver también el lugar en el que sucedieron. Además, cuando has pateado muchos casos, empiezas a encontrar puntos en común. No soy nadie para dar consejos, pero creo que la única manera de entender qué es esto que llamamos misterio es implicándote sobre el terreno, pero esto cuesta pasta, porque nadie te va a pagar el viaje, ni el motel, ni el bocadillo de panceta… En los años 80 y 90 todos queríamos ser J.J. Benítez y nació una escuela de jóvenes, entre los que estaban Javier Sierra, Bruno Cardeñosa, Josep Guijarro, etc., a los que nos inculcó el trabajo de campo. Con el paso de los años, igual que desaparecieron todos los fanzines que había en los 90, y solo queda El Ojo Crítico, todo ese espíritu del trabajo de campo ha ido muriendo. Hoy se pueden contar con una mano los investigadores de campo y me sobrarían dedos. Es una especie en peligro de extinción.

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