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Sáb. Feb 24th, 2024

Un tirano se nos fue tal día como hoy

I CULT FRANCISCO FRANCO DEL LIBRO A GOLPE DE SABLE DE GABRIEL CARDONA

Hoy hace años de la muerte de un tirano. Creo que cuarenta y uno, qué más da uno arriba o abajo, antes debería haberse muerto. Es lo que tiene ser un tirano, que mucha gente te desea la muerte. Represaliados, fusilados, presos, sus familias, la gente marcada como indeseable. Y es que los tiranos tienen la manía de parcelar a la gente, de colocarlas en clasificaciones más o menos extensas y que son muchas cosas menos caprichosas e inocentes. Así por ejemplo, el tirano que murió un día como hoy tenía a los españoles catalogados en diversas categorías. Primero estaban los adeptos al Régimen, plutócratas, oligarcas, fascistas de diversa condición, pelotilleros en grados distintos, mercenarios, sicarios, cobardes incapaces de alzar la voz, mercachifles del estraperlo, mercaderes de favores al por mayor, beatas asustadizas y amargadas, perros carniceros, espadones mamados en sus cuartos de bandera, falangistas de primera hora, falangistas oportunistas, hombres de mente y espíritu débil, vacuos soñadores de glorias imperiales y así hasta un largo etcétera de malos españoles todos englobados en la categoría de adeptos al Caudillo. Luego estaba los otros, los enemigos de la patria, los consabidos rojos, masones, separatistas, desafectos, chusma campesina y proletaria, intelectuales afeminados, lacayos al servicio de potencias extranjeras, almas débiles a las que enderezar, hijos de todos los anteriores a los que reeducar, mujeres y viudas de todos los anteriores a las que enseñar el camino de la fe y el amor a la patria, su patria de él, del tirano. Todo aquel que se desviara del pensamiento del dictador y sus acólitos era incluido en el segundo grupo para su desgracia, para amargarle la vida y si se daba el caso quitársela.

Y el tirano, carne al fin y al cabo, comenzó a agonizar gracias a dios. Un deterioro físico y mental, su espíritu estaba putrefacto de siempre, que avanzaba día a día. Y los otros, los excluidos, comenzaron a tener esperanza, pronto iría al infierno a reunirse con aquellos grandes cabrones a quienes admiraba tanto, Adolf Hitler y Benito Mussolini. De nada sirvió el brazo incorrupto de Santa Teresa, que mira que la santa abulense sacó a Felipe II en ocho días del purgatorio, de nada los cuidados médicos del yernísimo, de nada las plegarias y misas de una iglesia cómplice, de nada las lágrimas de sus lacayos en las que tremolaba el pánico a su ausencia, y a sus prebendas. Él, el mayor tirano de la historia de España, se apagaba poco a poco en su palacete de héroe de opereta. Y su país contenía la respiración, unos por indecencia, otros por miedo y los sojuzgados con alegría contenida. A nadie se debe desear la muerte, que me decía mi madre, menos a los tiranos que me dijo mi padre.

Y se murió, gracias a dios. Y bajó a los infiernos, gracias a sus infames pecados. Y no bastaron las lágrimas de sus seguidores para amargar la alegría de todos los ofendidos por su tiranía.  Mató, encarceló, discriminó, marginó, insultó, vejó, reprobó, torturó, humilló y odió a más de media España, la que no le gustaba, la que creía en ideales nobles y no en farfullas imperiales. Su conciencia, si es que la tuvo alguna vez, debió ennegrecer para siempre, con la oscuridad que dan las muchas infamias y la poca piedad. Viene bien recordar al personaje, al tirano que mantuvo a nuestra patria y a los españoles en un puño de hierro revestido de injusticias, sangre y odio. Conviene recordarlo, lo que tenemos ahora es infinitamente mejor, no lo duden. Que no vuelva, cosa afortunadamente imposible, ni que vuelva nunca alguien como él, cosa de la que no se está a salvo. Por si acaso ahí les dejo su imagen. Y su nombre, Francisco Franco. Y su título, tirano fascista de España.

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