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EDITORIAL – Vergüenza

Por Redacción Jul 2, 2016

01072016-plenos-251Si hay una palabra para condensar lo que sucedió ayer en el pleno del Ayuntamiento de Cádiz, esa es vergüenza. Los plenos municipales llevan una pendiente de degradación cada vez más y más pronunciada hacia las malas maneras, el desacato y los comportamientos más antidemocráticos. Ya no es sólo que los propios ediles mantengan y protagonicen fuertes enfrentamientos y roces continuos, el salón de plenos nunca ha sido un lecho de pétalos de rosa precisamente, sino que ahora se suma el público asistente al espectáculo de la mala educación y las formas más soeces e irrespetuosas, lo que es lo mismo que decir que no tiene un comportamiento mínimamente democrático.

Si la ciudad de Cádiz hubiera de pasar un test de sociedad democrática en función de lo que pasa en los plenos, especialmente el de ayer, nos quedaríamos bastante lejos del aprobado. Es más, en esta ocasión si que cabría decir eso de cero patatero. Concejales que  cuchichean provocaciones mientras otro de ellos está en uso de la palabra, gritos y comportamientos soeces por parte del público, un comportamiento de los asistentes que es más propio de hooligangs borrachos, en general unas maneras intolerables entre personas civilizadas y demócratas. Y ayer se superó otro listón, el de la amenaza física a un representante del pueblo de Cádiz. Nunca se debía de haber tolerado eso, nunca se debió permitir que los plenos se fueran caldeando hasta llegar a este extremo. La persona que ejecutó tal felonía debe sentarse ante un juez y pagar por semejante barbaridad, previa petición pública de perdón. No basta que desde todos lo bandos ahora se condene el acto de las amenazas, de lo que se trata es de que todos se comprometan a que los plenos del ayuntamiento se realicen con el orden democrático y el respeto mínimo que cada uno debe al contrario y viceversa.

Victoria Camps y Salvador Giner escribieron que » el bien y el mal se aprenden como el bien o el mal hecho a los otros. El respeto a la persona, a la dignidad de todo ser humano es el principio incuestionable y fundamental de la moral. Las buenas maneras no son más que la forma externa de expresar ese respeto debido al otro». Unas palabras que deberían llevar aprendidas nuestros representantes y también por supuesto el público asistente. En el próximo pleno estaría bien que en los asientos de todos, concejales y ciudadanos, hubiera ejemplares del libro del que está sacada esta cita de ambos filósofos, «Manual de civismo se llama» y es un manual de buenas maneras democráticas. Por el camino de lo ocurrido ayer la ciudadanía de esta ciudad no puede menos que sentir vergüenza.

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